CURSO DE PRÁCTICA FILO-SÓFICA
LECCIÓN 11: FILOSOFÍA CONTEMPLATIVA
Traducido por Carmen Zavala
En el proceso filo-sófico aspiramos a examinarnos a nosotros mismos y a ir más allá de nosotros mismos, pero nuestras capacidades normales son limitadas. Muchas fuentes de sabiduría y plenitud están a nuestro alcance, pero raramente nos ponemos a su disposición. Por lo general pensamos y actuamos desde nuestro perímetro, en vez de sacar nuestras raíces hacia más allá de nosotros mismos.
De esto resulta que cuando examinamos nuestras vidas, tendemos a hacerlo desde la estrecha perspectiva de nuestro perímetro – desde nuestro patrón fijo de concepciones. Pero nuestro propósito en filo-sofía es entender la vida desde una sabiduría mayor. Por eso necesitamos superar esta limitación y entendernos a nosotros desde más allá de nosotros mismos. ¿Pero cómo nos abrimos a este tipo de comprensión?
Uno modo es a través de la CONTEMPLACIÓN. La contemplación es una actitud interior que podemos practicar como un ejercicio, o en la vida cotidiana. Contemplamos cuando abrimos un espacio interior, o un claro, y nos ponemos a la “escucha” de nuevas comprensiones. Más precisamente, cuando contemplamos prestamos atención a una cosa específica – a una idea, a un texto, a una experiencia presente o pasada. Hacemos a un lado nuestros patrones normales de pensamientos y reacciones, y dejamos que una comprensión entre en nosotros y hable dentro nuestro.
Como la contemplación tiene como propósito la comprensión, es una forma de filosofía – filo-sofía contemplativa. Pero a diferencia de la filosofía académica que busca opiniones teóricas, en la contemplación buscamos comprensiones que nos animen y nos inspiren. Estas comprensiones no siempre se pueden formular como una teoría.
La contemplación no es lo mismo que la meditación. No necesariamente significa que nos sentamos en posición de flor de loto y cerramos los ojos y hacemos ejercicios de respiración. Podemos abrir un claro en nosotros y dejar que comprensiones nuevas nos animen, incluso cuando estamos en el trabajo, o en un bus o en medio de una conversación. La contemplación es una actitud interior.
EN LA PRÁCTICA FILOSÓFICA
Una de las tareas centrales del proceso filo-sófico es investigar la estructura de nuestro perímetro, o “caverna platónica”. En esta primera etapa de nuestra travesía filo-sófica (ver lecciones 3 -7) hacemos esto analizando las principales concepciones que conforman nuestra “caverna”, exponiendo la red de conceptos (ideas) de la que está compuesta. O podría descubrir que un tema central en mi mundo es la contradicción entre libertad y obligación. O podría descubrir que mis relaciones con los demás están basadas en el concepto de un juego – una secuencia de movimientos, manipulaciones, estrategias, ganar y perder.
Pero en la segunda etapa de la travesía filo-sófica, es hora de investigar estas concepciones desde una perspectiva más amplia, desde la perspectiva de fuentes más amplias de entendimiento y comprensión. Para hacer esto tengo que ir más allá de mi mismo, más allá de las limitaciones de mi perímetro.
Para este propósito puedo contemplar las concepciones que constituyen mi mundo, o elementos específicos en ellas (conceptos, presupuestos, contradicciones, etc.). Podría, por ejemplo, contemplar el concepto de libertad, o el concepto de la otra persona. Puedo contemplar estos conceptos no sólo desde cómo se ven dentro de mi perímetro, sino también en su rango más vasto de sentidos e implicancias. Por ejemplo puedo contemplar la descripción de Marco Aurelio de libertad, la discusión de Sartre sobre el otro o un poema de amor. También puedo contemplar algún hecho relevante que me haya ocurrido, o incluso alguna reacción o sentimiento específico, que yo (o alguna otra persona) haya manifestado recientemente.
Al contemplar estos temas evito formular juicios y opiniones. Hasta donde sea posible, evito tomar partido, aceptar presupuestos teóricos o identificarme con determinadas aproximaciones o perspectivas. No juzgo qué punto de vista es correcto o incorrecto, sino que abro un espacio en el que toda “voz” es bienvenida. Me abro al vasto horizonte de sentidos, a la rica sinfonía de “voces” de la realidad humana, y dejo que hablen dentro de mí. Por lo tanto, ya no estoy pensando SOBRE la realidad, sino CON ella, desde ella, nutrida por ella.
Este es, entonces el sentido de ir más allá de nuestro perímetro. No es abolir el perímetro, no es modificarlo para hacerlo más agradable, sino más bien abrir una dimensión interior de comprensión que no sea de mi perímetro y que no esté limitado por él.
EJEMPLO
Kurt una persona muy sociable. Pero recientemente, en momentos de cierta reflexión, siente que a pesar de todos los amigos que tiene, hay algo que falta en sus amistades. Un día se le cruza una idea asombrosa por la cabeza: “La verdad es que estoy sólo.” Este pensamiento lo confunde. ¿Cómo podría estar sólo rodeado de tantos amigos? Sin embargo, después de un rato, empieza a sentir una cierta sed en su alma. Se da cuenta de que sus intensas actividades sociales lo dejan vacío. Definitivamente algo le está faltando.
Kurt habla con la filó-sofa Linda, y los dos discuten sus relaciones con sus amigos. Pronto se da cuenta de que su modo de relacionarse con los demás no permite entrar en intimidad y no permite compartir sentimientos y pensamientos personales. En efecto, trata sus conversaciones con otros como si fuesen un juego: una competencia de comentarios agudos y chistes, donde cada uno trata de tener la última palabra.
Después de una serie de reuniones con Linda, Kurt siente que el esquema general de su perímetro está más o menos claro. Ahora tiene un mapa de su actitud hacia los demás, centrado en el concepto de juego.
“Entonces ¿qué hago ahora? le pregunta a Linda.”Estos juegos que juego son muy malos. Quisiera poder pararlos, pero no se cómo. Son tan destructivos, e infantiles, también.”
“Espera Kurt, no te juzgues tan rápidamente. Tratemos primero de entender lo que estos juegos pueden enseñarte sobre ti mismo. Déjame sugerirte un ejercicio que puedes practicar durante los próximos días: Contempla tus juegos. Olvídate de tus opiniones, olvídate de lo que piensas que es bueno o malo, simplemente mantén presente tus juegos en tu conciencia. Simplemente contempla.”
“¿Qué quieres decir con “contemplar”? ¿Quieres decir “analizar”’?
“No, no analices. Estoy hablando sobre algo mucho más simple: simplemente mantén tus juegos en tu mente. Deja que tu idea de relaciones-como-juegos permanezca flotando en tu conciencia. Deja que continúe como está y escucha lo que te tiene que decir. Puedes hacer eso?”
“Puedo tratar. Pero ¿qué pasa si mi mente empieza a analizar y a juzgar? No siempre puedo controlar mis pensamientos.”
“No te preocupes por estos pensamientos. Si vienen no les prestes atención.”
Una semana más tarde Kurt se encuentra de nuevo con Linda. “Primero”, le cuenta, “no pasó mucho. Cada vez que recordaba la tarea que me diste, traía a la mente mis juegos. Pero normalmente mi mente empezaba a analizar y juzgar. Esto era frustrante, porque sentía que mis pensamientos se repetían una y otra vez y que no iban a ninguna parte. Pero muchas veces las cosas fueron diferentes. Me encontré a mi mismo mirando mis relaciones – no, no estaba MIRANDOLAS, sino que estaba SIENDO CON mis relaciones. Este era un sentimiento muy especial. Sentí que estaba permitiéndome ser la persona que soy, y dejando que mis relaciones sean lo que son. Y pude ver muy claramente, lo que son, lo que significan.”
“¿Qué viste?”
“Es difícil de describir. Es como la diferencia entre escuchar sobre un animal y realmente verlo, jugar con él, estar con él. Pude ver cómo juego con mis amigos, cómo se desarrolla el juego, cómo mis pensamientos responden a él, cómo hace surgir ciertos sentimientos en mí. Me di cuenta de cómo mis relaciones pudieron haber sido diferentes de lo que son. Pude ver que hay muchos tipos de relaciones. Luego, ciertos eventos pasaron por mi mente y pude verlos y entenderlos con gran claridad. Fue como una sinfonía de lucidez. Y siempre que esto ocurría, ya no estaba atrapado en mi juego. Por unos pocos momentos era más grande que mis juegos.”
EJERCICIO
A pesar de que la contemplación no es lo mismo que la meditación, podemos usar ejercicios de meditación para facilitar nuestra actitud contemplativa. Por supuesto que un ejercicio es sólo un ejercicio. Está limitado en el tiempo y está separado de la vida cotidiana. El objetivo de los ejercicios contemplativos no es lograr experiencias maravillosas, sino ampliar nuestra actitud frente a la vida. La verdadera prueba de un ejercicio contemplativos es lo que sucede después: si nos puede servir para ser contemplativos luego, en la calle, en el trabajo, con nuestra familia.
Los ejercicios contemplativos normalmente consisten de dos elementos: primero usamos algunas técnicas de meditación para calmar nuestra mente, y ponernos en el modo de la escucha, y crear un claro. Segundo, nos centramos en algún tema relevante – un texto, una idea, una experiencia – para invitar a las comprensiones a entrar a nuestros claros. La meditación, sin un intento de entender, no es contemplación.
Aquí propongo uno de los muchos ejercicios de contemplación que pueden hacer:
Primero, elijan un concepto que sea central en su perímetro (p.ej.: “el poder”, “yo debería”, “yo estoy en el centro”, etc.) Esto ayuda a tener presente el modo cómo este concepto se relaciona con tus comportamientos, emociones y pensamientos cotidianos.
Luego, escoge un texto breve, de dos o tres párrafos, que esté relacionado con los conceptos que eliges. El texto no necesita expresar tus opiniones o actitudes.
Ahora siéntate en un sitio tranquilo, en una posición cómoda, y tranquiliza tu mente. Para lograr esto puedes usar una meditación, como la siguiente, en la que te imaginas a ti mismo bajando desde tus fosas nasales, a través de tu garganta y estómago, hasta más abajo de tu cuerpo. (Estas imágenes te ayudarán a disociarte a ti mismo de tus patrones usuales). Empieza por centrar tu mente en tu respiración a medida que va fluyendo entrando y saliendo de tus fosas nasales. No “te fijes” en tus fosas nasales, sino colócate simplemente en ellas, descansa en ellas. Después de tres (o más) respiraciones, muévete (a tu conciencia) hacia abajo al movimiento de aire en tu boca, después de tres respiraciones más baja hacia la garganta, luego a tu pecho, luego a tu estómago (puedes añadir más paradas en el camino). De allí continúa más hacia abajo, hacia tus caderas (que por lo general hacen eco con la respiración), y luego baja más aún a un punto imaginario debajo de la silla. A estas alturas ya no estás más en el lugar usual de tu cuerpo (normalmente sentimos como si estuviéramos ubicados en nuestra cabeza y cuello), ya no te identificas más con tu yo usual. Si hay pensamientos o imágenes que te pasan por la mente, simplemente ignóralos y déjalos pasar.
Después de unos diez minutos, cuando estás “debajo” de tu propio yo, empieza a leer el texto. Léelo muy lentamente, palabra por palabra, mucho más lentamente que lo normal. Deja que las palabras pasen por ti, sin tratar de analizarlas – es más, no trates nada en absoluto. Tu actitud debería ser la de escuchar internamente lo que el texto quiere decirte.
Ahora fíjate en una frase del texto que te llame la atención. Detente y léela nuevamente lentamente, y luego nuevamente varias veces. Presta atención a las comprensiones que puedan surgir dentro de ti. Trata estas comprensiones como si no viniesen de tu yo usual, sino de profundidades ocultas en ti. Deja que hablen y no interfieras.
Finalmente, cuando sientas que las comprensiones han terminado de desplegarse dentro de ti, trata de resumirlas con mucho cuidado. Trata, en otras palabras, de consolidarlas, si fuera posible en una sola oración. Después de que la oración se haya consolidado, apúntala lentamente y con letra bien cuidada (en caligrafía, si puedes)