CURSO DE PRÁCTICA FILO-SÓFICA
LECCIÓN 12: CONCLUSIÓN: LA VISIÓN DE LA PRÁCTICA FILO-SÓFICA
(Basado en mi ponencia para el IX Congreso Internacional de Práctica Filosófica en Carloforte organizado en julio del 2008)
Traducido por Carmen Zavala
En las once lecciones previas hemos visto que se puede considerar que la travesía filo-sófica consta de dos etapas principales: En la primera etapa aprendemos sobre el perímetro en el que estamos encerrados. Luego, en la segunda etapa tratamos de traspasar el perímetro pasando por una transformación interna. ¿Pero hacia donde nos conduce este proceso? ¿Cuál es nuestro objetivo?
Como sugerí en los textos previos el objetivo del proceso filo-sófico está contenido en la palabra “filo-sofía” – amor a la sabiduría. Y sabiduría no es lo mismo que conocimiento o agudeza. Ser sabio no significa simplemente tener cierta capacidad cognitiva, sino tener una manera más amplia de relacionarse con la vida. En la sabiduría tenemos un entendimiento más profundo de la realidad, no solo en nuestros pensamientos, sino en nuestras emociones, comportamientos, actitudes y en toda nuestra manera de ser. Participamos de horizontes más grandes de la realidad humana, más allá de nuestro perímetro limitado. Para ponerlo de otra manera, en la sabiduría nos nutrimos de fuentes de plenitud más grandes y una realidad más grande nos mueve y habla dentro de nosotros.
¿Pero qué significa esta comprensión más profunda? Expresiones como “horizontes más grandes de la realidad” o “fuentes de plenitud” pueden resultar inspiradoras, pero qué es lo que exactamente quieren decir?
Para responder a esta pregunta, déjenme sugerirles una metáfora del campo de la psicología del desarrollo: Si hacemos un seguimiento de un a niña a lo largo del desarrollo desde su infancia hasta su adultez, notamos que su mundo se vuelve gradualmente más complejo y rico de sentido. Por ejemplo, lo que a los 2 meses fue un mero sonido, a los 12 meses se convierte en una palabra con sentido.
Más específicamente, inicialmente el mundo de la niña está enfocado en sus capacidades experienciales inmediatas, en sus propias preocupaciones y perspectivas, en su propio yo. Pero a medida que pasa el tiempo y se va desarrollando, su mundo se va des-centrando. Se abre a horizontes más grandes, más allá de la experiencia directa, y perspectiva e interés específicos de la niña.
Por ejemplo, una niña de tres años no tiene la capacidad de entender que otra persona pueda tener una perspectiva diferente a la suya. Por ello, al hablar por teléfono, la niña puede estar señalando a su perro, esperando que el oyente al otro lado de la línea vea lo que ella está señalando. O puede ser que cuente una historia presuponiendo que el oyente sabe lo que ella sabe. O puede ser que le de su juguete favorito a un niño que está llorando, sin darse cuenta de que el otro niño no se consuela con lo mismo que le consuela a ella. Suele ser recién alrededor de los 4 años que un niño empieza a adquirir la capacidad de entender que hay otras perspectivas.
El proceso de des-centralización continúa por otras etapas más, pero el ejemplo mencionado nos basta aquí. Hay varios puntos dignos de ser resaltados en este ejemplo.
En primer lugar, la nueva comprensión des-centralizada que la niña empieza a tener, no solo se expresa en sus pensamientos, sino también en nuevos comportamientos y emociones complejas. Relacionarse con la perspectiva de otra persona implica nuevos tipos de expectativas, esperanzas y miedos, formas de comunicación, empatía y autoconciencia.
En segundo lugar, a diferencia de una persona ciega que de un de repente llega a ver, la nueva comprensión des-centralizada no implica que se vean cosas nuevas. La niña menos centrada en sí misma no ve auras o almas. Ve exactamente las mismas caras y gestos, pero ahora entiende los significados más amplios que tienen y las realidades más amplias que éstos implican.
En tercer lugar, aquellos que no han llegado a ese nivel-superior de comprensión, no captan lo que no logran entender. Así pues, imagínense que somos un grupo de gente que nunca hemos experimentado la transición hacia una comprensión des-centralizada. No podemos imaginarnos que otra persona pudiera tener otra perspectiva, y ni siquiera podemos captar el significado de “perspectiva”. Claro que a veces surgen entre nosotros algunos malentendidos y choques inexplicables, pero los aceptamos sin más: “Así es la vida”. Un día una persona normal se junta con nosotros, una que capta la perspectiva de otra gente. Nos asombra por su capacidad de relacionarse con los demás. Parece muy preocupada por los demás y comprensiva, con mucha sensibilidad y entrega, pero no entendemos como logra hacerlo. Su capacidad nos parece mística. Algunos de nosotros especulamos sobre sus “energías” especiales o poderes mágicos. Pero el hecho es que simplemente entiende aspectos del mundo que yacen frente a nuestros ojos.
En cuarto lugar, y lo más importante, la transición a un nivel más alto de comprensión requiere de un aparato mental nuevo, una reconfiguración de la mente. Para adquirir la capacidad de entender las perspectivas de otra gente, no serviría ponerse a pensar más arduamente. Un niño de 3 años puede ser muy inteligente, y sin embargo su inteligencia no le dará una comprensión menos centrada en él mismo, a menos que adquiera una nueva reconfiguración de la mente. Por otra parte, incluso los niños tontos pasan por la transición hacia una comprensión des-centralizada. En resumen, entender la perspectiva de otros no es simplemente el resultado natural de un pensar agudo. Podemos expandir los horizontes de nuestro entendimiento sólo después de haber adquirido un aparato mental apropiado. Solo podemos “ver” una nueva dimensión de la realidad cuando adquirimos un nuevo tipo de “ojos”.
Sugiero que el proceso de llegar a un entendimiento des-centralizado es análogo al proceso de adquisición de sabiduría. Sabiduría, como ya dije muchas veces, significa trascender nuestro perímetro centrado en nosotros mismos. Esta metáfora nos ayuda a entender lo que esto significa.
Cuando adquirimos más sabiduría, tomamos conciencia de nuevas dimensiones de la realidad. Participamos en un horizonte mayor de significados – o para ponerlo de otro modo-, entramos en consonancia con un rango mayor de “voces” de la realidad. Estas ya están frente a nuestros ojos – la persona sabia no ve energías misteriosas o auras. Pero así como el niño de 4 años puede apreciar más dimensiones de la realidad que el niño de 2 años., una persona sabia puede apreciar toda una sinfonía de “voces” de la realidad, mientras que la gente común sólo puede oír las voces de su propio perímetro.
Para adquirir esta capacidad, no basta con mirar con un mayor esfuerzo al mundo. También necesitamos adquirir nuevos “ojos” – nuevas capacidades de comprensión, y para este propósito necesitamos transformarnos a nosotros mismos y nuestra postura mental.
Este es entonces nuestro objetivo al hacer práctica filosófica: una apreciación más plena de la realidad. Nuestra realidad es mucho más grande de lo que usualmente pensamos. Somos más grandes de lo que solemos pensar. Somos más grandes que nosotros, más grandes que nuestro perímetro. Normalmente sólo estamos en consonancia con nuestro estrecho perímetro, pero al abrirnos, podemos tomar parte en horizontes más grandes, y estar en consonancia con un rango más amplio de voces de la realidad humana.