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Filosofía espiritual -  Práctica filosófica y más allá

 
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Textos para leer y contemplar


 

Reflexión 18
 
 CONTEMPLAR MÁS ALLÁ DE LOS JUEGOS
Traducido por Carmen Zavala
 
 
  
- ¿Cuál es el objetivo de la práctica filosófica?
 
 - No puedo hablar sobre el objetivo. Mis reflexiones sólo expresan la voz personal de una persona en particular
 
 - Está bien, entonces, ¿cuál es tu objetivo en filo-sofía?       
 
 - Como lo veo por ahora: ir más allá de las limitaciones de los juegos
 
 - ¿Juegos? ¿Qué quieres decir? 
 
 Toma por ejemplo un juego de ajedrez. Tiramos una moneda "¡Yo soy blancas!" 
 
Efectivamente, soy blancas. Las figuras de plástico blancas sobre el tablero de madera no sólo son mías – yo soy ellas. Cuando estoy absorto en el juego, ellas son el centro de mis esperanzas, de mis pensamientos, de mis arrepentimientos, de mis alegrías. Cuando tu reina negra se come a mi alfil blanco, siento un dolor muy real. Las acciones de las piezas blancas son mis acciones. Yo me muevo a través de ellas, me vengo, ataco, triunfo, vivo. Porque yo soy ellas. Durante la duración del juego, los 64 cuadrados negros y blancos son mi mundo.
 
Jugar un juego es ser transportado de la “vida real” a otra realidad – a un tablero de ajedrez, a un manojo de cartas o a una cancha de basquet. Cuando me siento a jugar, ya no soy el hombre que nació en Israel, que enseña filosofía y que tiene una cita con el dentista mañana. Estos hechos no importan para nada con respecto a donde está mi mente ahora. Para mí casi no tienen ninguna existencia.
 
Sin embargo, en el fondo de mi mente, estoy consciente de que sólo es un juego y de que tengo una cita con el dentista mañana. Efectivamente, estoy dividido en dos partes: una parte mía vive el juego, mientras la otra parte mía está vagamente consciente del mundo más amplio. Vivo en dos realidades a la vez: el juego, y el mundo "real".
 
Jugar juegos es un fenómeno tan común, que normalmente no nos damos cuenta de lo asombroso que es. Es asombroso que pueda ser los soldados blancos en el tablero y olvidarme de mis preocupaciones normales y de mi identidad. Es asombroso que pueda vivir dos vidas diferentes. Vidas diferentes, porque en cada una de ellas tengo diferentes intenciones y preferencias, diferentes esperanzas, temores y comportamientos. Es como si dentro de mí hubiera dos fuentes de motivación, de pensamiento y emoción, de vida.
 
Los juegos son mecanismos que me permiten vivir una segunda vida, una realidad alternativa. En ese sentido se parecen a las películas y a las novelas. En una película me como las uñas cuando atacan al héroe y suspiro aliviado cuando es rescatado. Me identifico con el protagonista, con sus preocupaciones, temores y esperanzas.
 
 Y sin embargo, normalmente no confundo las dos realidades. Nunca confundo a la persona en la pantalla de la película con mi vecino sentado a mi costado.
 
 
¿En qué sentido un juego se diferencia del mundo "real?"
         
Un juego tiene reglas que limitan el comportamiento del jugador (p.ej., el rey solo puede moverse un casillero y uno no puede patear la pelota). Pero en nuestro mundo "real" también nos regimos por reglas: la ley de la gravedad, patrones psicológicos, normas sociales.
 
Un juego tiene un objetivo (p.ej. uno debe tratar de derrocar al rey del oponente, o de insertar la pelota de basquet). Pero en la vida "real" nuestras acciones también se rigen por nuestros objetivos: divertirnos, tener éxito, fama, seguridad, etc.
       
Por eso los juegos son imitaciones de la realidad, y por eso son tan fascinantes. Pero no son la realidad. Porque las reglas y los objetivos del juego son imaginarios. Son de mentiras. En el juego me comporto COMO SI fuese importante encestar la pelota; COMO SI la pelota no pudiese ser pateada sino sólo tocada por la mano. Estas reglas y objetivos no ejercen un poder real sobre mí. Solo estoy ligado a ellas mientras que las acepte, sólo mientras que me identifique con ellas como las que determinan mi realidad.
 
 El asombroso poder de los juegos proviene de la capacidad de identificarme con reglas imaginarias y objetivos imaginarios como si fuesen reales. Nos identificamos con situaciones ficticias y sacamos a la realidad "real" hacia fuera de nuestra conciencia.
 
Hay juegos de mesa y juegos de pelota y juegos de cartas. Pero también hay juegos psicológicos y juegos sociales. Puedo jugar el juego "soy bonita" o "soy sabio", o el juego "soy un filósofo". Estos son juegos si es que me identifico con ellos; si pretendo que determinan quien soy. Por ejemplo puedo dejar que la idea "soy bonita" controle mi modo de actuar y de hablar. O puedo asumir una determinada postura y un determinado discurso de acuerdo a "soy sabio". Me impongo mí mismo determinados estándares (reglas, objetivos) y me restrinjo a mí mismo a
éstos. Mi realidad ahora está más restringida.
 
También hay juegos intelectuales: Me impongo a mí mismo determinados estándares de pensamiento y creencias -"Soy existencialista", "Creo en el dualismo", " Tengo un gusto refinado". Ajusto mis pensamientos a patrones, modos de pensar y presupuestos específicos.
 
Estos son juegos si es que identifico a mi realidad con ellos, si permito que restrinjan mi modo de pensar y de ser, si me imagino que ellos pueden determinar quien soy.
 
 Jugar juegos es confinarme a mismo a una realidad imaginaria muy estrecha. Esto no necesariamente es malo. Los juegos pueden ser divertidos. También pueden ayudarnos a lograr alcanzar determinadas metas. Los juegos sociales salvan a la sociedad del caos.
 
Pero si entro a los juegos sin darme cuenta, si me pierdo en ellos por largos períodos de tiempo, entonces no vivo plenamente mi vida. Entonces pierdo el contacto con gran parte de la realidad humana. Empiezo a vivir la vida virtual construida por ideales nobles y filosofías, por las exigencias de la sociedad, por caprichos y fantasías.
 
 Somos asombrosamente "buenos" en perdernos en reglas y objetivos ficticios. Los niños israelíes aprenden rápidamente las reglas de la identidad israelí y los niños árabes aprenden rápidamente las reglas de la identidad árabe. Los americanos aclaman a sus equipos de basquet, los italianos aclaman a su equipo de fútbol italiano. El pobre campesino africano sueña con su campo lleno de árboles de plátano, mientras que el filósofo americano sueña con volverse famoso (¡famoso entre otros intelectuales!)
 
Somos muy buenos en restringir nuestros pensamientos, nuestras emociones, aspiraciones y comportamiento a un ámbito muy limitado de la realidad humana.
 
Pero parece que no estuviéramos totalmente encarcelados en nuestros juegos. El jugador de ajedrez tiene una vaga conciencia de que está jugando, y esa realidad es más amplia que el tablero de ajedrez. Una señora adinerada en una fiesta de alta sociedad puede actuar y sentir de acuerdo a las normas sociales y sin embargo algo en el fondo de su mente le puede estar susurrando que está actuando.
 
No estoy totalmente encarcelado en mis juegos. Incluso cuando me veo forzado a jugar las reglas de mi sociedad y de mi sicología, no necesito identificarme plenamente con éstas y restringir mi existencia a ellas. Incluso cuando me encuentro a mí mismo controlado por mis hábitos u obsesiones o temores, puedo darme cuenta de que mi realidad es mucho más grande que estos juegos.    
 
La psicología moderna ha desarrollado modos de ayudar a la gente a darse cuenta de sus juegos psicológicos ("patrones emocionales","defensas", "represiones", etc.) y de ir más allá de ellos. Pero esta tarea, por más importante que pueda ser, todavía sigue siendo muy limitada. Porque ir más allá de los juegos psicológicos no es todavía ir más allá de una prisión más fundamental todavía, esto es, la prisión conceptual - los juegos de nuestro entendimiento: las reglas y objetivos que seguimos construyendo las coordinadas básicas de nuestro mundo. Estos son juegos de nuestros patrones cognitivos, de nuestras predisposiciones culturales, de las estructuras (o reglas) que nuestra autobiografía particular impone a la realidad.
 
¿Es posible acaso que lleguemos a ser conscientes de estos juegos más fundamentales o de ir más allá de nuestra concepción normal de la realidad? ¿Existe alguna manera de trascender nuestros modos usuales de comprensión, que son los que forman nuestro mundo?
 
Esto sería una tremenda tarea. Es difícil pensar en una aspiración más ambiciosa. Y sin embargo, me parece que no es del todo imposible. Por supuesto como ser humano no puedo ser libre de todo tipo de ataduras. No puedo deshacerme de todos mis patrones cognoscitivos y culturales. Pero el punto es que no necesito indentificarme con ellos. No necesito limitar mi conciencia a determinados juegos intelectuales. Puedo "escuchar" a una conciencia más amplia de una realidad más grande. Puedo contemplar más allá de mis limitaciones.
 
Si esto es realmente posible, si puedo ser más grande que mis juegos y puedo estar en contacto con un ámbito más amplio de la existencia humana, entonces esto parece ser una tarea apropiada para la filo-sofía. Porque, para usar las imágenes de Platón, el objetivo del filó-sofo es salir de la estrecha caverna hacia un mundo más amplio. 
 
Esta es pues mi respuesta personal (por lo menos por el momento) a la pregunta al inicio de esta reflexión. Mi objetivo en filo-sofía no es buscar respuestas o teorías o explicaciones, y no es limitarme a las voces de la razón o de la moral o de la belleza. Mi objetivo es, más bien, ir más allá de las limitaciones de mi modo normal de comprender y de ser un testigo de un horizonte más amplio de la realidad humana - a través de mi conciencia, de mis pensamientos y mis escritos, a través de mis relaciones, y a través de mi vida cotidiana.
 
 

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