La Filo-sofía, tal como yo la veo, tiene un propósito central: llegar a estar en contacto con la realidad de una manera más profunda, más plena, más intensa. El filó-sofo quiere conectarse con lo real, no solo a través del pensamiento abstracto, sino en su modo de vida – y quiere ayudar a otros a hacerlo.
Esa es la aspiración platónica. Asume que normalmente no estamos en contacto con la realidad de manera plena, porque estamos encerrados dentro de nuestro pequeño “perímetro” – dentro del ámbito limitado de nuestras expectativas y presupuestos, patrones emocionales, actitudes unilaterales, ideas centradas en uno mismo y fantasías.
Pero esta búsqueda asume también que somos capaces de ir más allá de nuestro perímetro, por lo menos hasta cierto límite. Si bien puede ser que algunos aspectos de la realidad siempre estarán más allá del alcance humano. Sin embargo, incluso la realidad que nos es accesible a nosotros es mucho más grande y rica de lo que usualmente asumimos.
Hay muchos métodos que nos pueden ayudar a acercarnos a este fin: ejercicios que elevan nuestra conciencia de nuestro perímetro, análisis filosófico para entender mejor la estructura de nuestro perímetro y de los presupuestos subyacentes, técnicas contemplativas que van más allá de nuestros patrones usuales de comprensión. Pero los métodos no son suficientes. Lo que se necesita es una travesía personal, lo que significa compromiso, tiempo y esfuerzo. En esta travesía cultivamos una nueva forma de conciencia, un nuevo estado mental: un estado mental de apertura a un más allá de nosotros mismos, a horizontes de realidad mayores y a sus múltiples aspectos o “voces”.
Claro que no podemos abolir nuestro perímetro. Como seres humanos tenemos estructuras psicológicas y culturales definitivas. Pero mientras que vivimos nuestra vida normal, también podemos mantener una apertura a un más allá de esas estructuras. Ese estado mental es Sofía – sabiduría. Es un estado mental que está abierto a muchas fuentes de comprensión, de plenitud, de vida.
EJEMPLO
(Ir más allá de nuestro perímetro puede darse en muchos niveles, grados e intensidades. El siguiente ejemplo es uno entre muchos tantos.)
Sandra siempre evita conflictos y discusiones. Sólo se siente cómoda en relaciones “placenteras”, aún si estas son aburridas y vacías. Ese es el motivo por el cual nunca se queja con sus vecinos por el ruido y por qué siempre “se olvida” de que su hermana le debe dinero. Ella suele organizar fiestas y noches de juego y viajes para sus amigos y se asegura de que todos los participantes estén ocupados y contentos.
Una noche Sandra invita a varios amigos a una noche de Bingo. Mientras que todos están conversando todavía, dos amigos, Jair y Guillermo, están sentados en la esquina discutiendo sobre le calentamiento global. Los dos hombres levantan la voz exaltados y Sandra está preocupada por esta “desagradable fricción”. Decide empezar el juego. Trata de interrumpir su discusión y jalarlos a la mesa.
Linda, una consultora filosófica, la observa. “Definitivamente tienes una concepción muy específica de las relaciones humanas,“ le susurra Linda. “Para ti, buenas relaciones significan armonía. Desacuerdos y diferencias interrumpen la armonía. Y la armonía es un asunto de gran importancia. Es más, las relaciones son como un juego – no necesitan ser profundas o significativas, mientras que sean divertidas, estén protegidas y reguladas por reglas y sean placenteras.”
Sandra quedó impactada por estas palabras. Se queda mirando como discuten Guillermo y Jair, interrumpiéndose y levantando la voz. De pronto se da cuenta de que Guillermo coloca su mano en el brazo de Jair diciendo: “No, amigo mío, no comprendes....”
El gesto solo toma unos cuantos segundos, pero impresiona profundamente a Sandra. Por un instante puede ver el lazo que existe entre estos dos hombres que discuten. Puede ver claramente como su amistad es diferente de su idea de relaciones, y como “habla” un lenguaje distinto. Y por un momento ella también puede entender este otro lenguaje, puede sentirlo, puede compartirlo.
En ese momento siente que algo extraño pasa. Por una parte, ella sigue tensa y preocupada. Sigue sintiendo la necesidad de interrumpir la discusión y de jalarlos al juego. Pero al mismo tiempo algo dentro de ella acepta la discusión de Guillermo y Jair. Siente que ella es Sandra, pero que al mismo tiempo es más que Sandra.
EN PRÁCTICA FILO-SÓFICA
En los estadios tempranos de la consultoría filo-sófica, la consultante normalmente empieza dándose cuenta de qué tanto su vida se centra en una comprensión (o “teoría”) estrecha de sí misma y de su mundo. Muchas veces el solo hecho de que la persona se de cuenta de los muros de su prisión es suficiente para abrir una puerta hacia afuera. La consultante entonces empieza a “conectarse” a otros aspectos de la vida más allá de su “teoría”. Empieza a conectarse a nuevas facetas de la realidad humana. Esta apertura le permite avanzar a estados posteriores de la consultoría.
En los talleres filo-sóficos es más difícil tratar con la historia de la vida de cada participante individual. Por esa razón el taller puede enfocar algunos aspectos generales de la vida – sentido, amor, libertad, sexo, etc. A través de diferentes ejercicios y discusiones los participantes examinan aspectos de su perímetro, experimentan momentos de ir más allá de éste y de conectarse a nuevos aspectos de la vida. La actividad grupal permite que el proceso sea más intenso y experiencial. También permite a los participantes a compararse a sí mismos con otros y de retroalimentarse mutuamente.
EJERCICIO
Tómate en una situación de costumbre, por ejemplo en interacción con alguien a quien conoces: una conversación amistosa con un vecino, una conversación con el jefe, etc.
Mientras que estás conversando, ábrete dentro de ti y toma conciencia silenciosamente – conciencia de ti mismo. No te examines “desde afuera” y no te analices a ti mismo – solo estate CON la situación: con tus sensaciones corporales, con tus gestos, tus palabras, tus pensamientos, tus emociones. Tu conciencia es como un espacio que contiene toda la situación.
Y ahora abre tu conciencia aun más: un fastidio oculto, un pensamiento cínico que estás reprimiendo, un recuerdo placentero de ayer, una urgencia de hacer algo que no te atreves a hacer, una idea que has tenido en la mente toda la semana, etc. Deja que todas estas cosas (además de la situación actual) estén presentes conjuntamente en tu conciencia.
Normalmente nuestra conciencia se centra en un sólo evento y deja de lado todo lo demás. Pero ahora tu conciencia contiene un horizonte mayor de eventos. Si se hace bien este ejercicio ofrece una fugaz mirada más allá de tu perímetro usual.