Me alegró mucho recibir algunas reacciones interesantes a mi última reflexión (sobre juegos), y las he puesto en línea en esta página web (haz click aquí). Me alegra que los que han escrito hayan dado voz a sus comprensiones de las cosas, especialmente porque son diferentes a las mía. Después de todo, mi propia voz filo-sófica es solo una voz. Proviene de la experiencia de vida de una sola persona. Expresa el modo en que la realidad humana habla a través de una vida muy particular y no a través de otros modos de ser. Sin otras voces, mi voz sería unilateral, incompleta.
Por eso no considero a las diferentes voces de mis colegas filósofos prácticos como contrarias a mi voz, sino como complementarias a mi voz. Me acompañan a crear una comprensión más completa, una música más rica, como diferentes voces en un coro. Mi voz particular nunca será suficiente para expresar la riqueza de la realidad humana – una flauta sola nunca dará voz a una sinfonía.
Por esta razón no me gusta discutir sobre mis reflexiones. Me gusta escuchar las reacciones de otra gente, pero no me interesa mucho si es que están o no de acuerdo conmigo. Es más, el propósito de mis reflexiones no es convencer, sino estimular e inspirar – y ser inspirado. Mi intención no es sostener una verdad universal, sino ser una voz particular en un coro más grande. Mi esperanza es que otras voces resuenen conmigo, que me respondan así como una cantante soprano le responde a un tenor, y enriquezcan así la música filo-sófica.
Este tipo de interacción filo-sófica puede ser llamado un diálogo polifónico (le debo este nombre a mi amigo Stefano Zampieri). Es muy diferente al modelo “yo tengo la razón y tú estás equivocado”, que es tan común en la filosofía ortodoxa. La idea básica aquí no es: “Si pensamos distinto, entonces una de nosotros debe estar equivocado con respecto a la realidad.”, sino mas bien: “ Si pensamos distinto, entonces juntos podemos expresar más sobre la realidad – así como un dueto muchas veces expresa mas que uno solo.”
En un diálogo polifónico mi propósito no es silenciarte probándote que estás equivocado, sino inspirarte para que podamos ayudarnos mutuamente a esclarecer y precisar las ideas que nos hablan. Porque nuestro propósito común es darle voz a la riqueza de nuestra realidad. Nuestras diferentes voces filo-sóficas, si es que son fieles a lo que las mueve, si es que son precisas y coherentes, pueden sumarse las unas a las otras en un coro multi-dimensional filosófico, precisamente porque son diferentes.
Este es el motivo por el cual sugerí en mis reflexiones anteriores que en tanto filó-sofos deberíamos ir más allá del discurso tradicional de la filosofía occidental ortodoxa. Sugerí que deberíamos buscar formas alternativas del discurso, que no asuman que las ideas filosóficas necesariamente son teorías; que no traten de captar la realidad a través de afirmaciones universalmente válidas, que no se preocupen de estar argumentando y contraargumentando sobre qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.
La idea de filosofar como un diálogo polifónico puede parecer extraña. Después de todo el objetivo de la filosofía es entender- es entrar acercarse a la verdad de realidad. ¿Cómo podemos aceptar dos afirmaciones filosóficas que son diferentes? Si tu idea es verdadera, entonces como mi idea que la contradice, puede ser verdadera también?
Además, filo-sofía polifónica no significa acaso que debemos abandonar los ideales de verdad y realidad? ¿Esto no nos lleva acaso a un relativismo o subjetivismo extremo, en el que no hay verdadero y falso, donde todo es relativo, donde todo es igualmente verdadero?
El problema de esta objeción es que asume algo significativo – sobre los que significa acercarse a la verdad. Muchas veces pensamos en la verdad como “verdad descriptiva” o “verdad teórica”: Se presume que verdad significa que hablamos de manera correcta de la realidad. Significa que captamos la realidad con descripciones y teorías.
Sin embargo, no tenemos por qué limitarnos a asumir este presupuesto ortodoxo. Podemos buscar la verdad de otras maneras – por ejemplo, tomando parte de la verdad o dándole voz a la realidad. Desde esta perspectiva alternativa, verdad significa que asumo un cierto modo de ser y que me abro a la realidad. Estar en la verdad es una forma de ser, no es algo que yo capte con palabras. El papel de las palabras no es el de definir, delimitar, fijar una opinión, sino el de abrirme más allá a de las opiniones en la compañía de otros.
Por estas razones a veces estoy perplejo cuando la gente me habla de “mi aproximación” a la práctica filosófica, o sobre “mis opiniones” sobre cuestiones filosóficas. ¿Realmente tengo una aproximación filosófica? ¿Tengo puntos de vista filosóficos?
Es verdad que a veces mis palabras suenan como afirmaciones categóricas – sobre la naturaleza de la sabiduría, o sobre el objetivo de la filo-sofía o (como en esta reflexión) sobre al diálogo filo-sófico. Y a veces sueno como que argumento bastante, especialmente cuando discuto sobre la filosofía ortodoxa.
Y sin embargo, no tengo opiniones filosóficas que quiera defender como universalmente válidas. Escribo ideas, no verdades.. Le doy voz a las palabras que hablan en mí, a los chispazos de realización, a las burbujas de pensamiento, observaciones, o resumiendo, a frases musicales en una sinfonía en ejecución. Lo que digo no se supone que sea la última palabra, sino una frase en una canción que está siendo entonada.
¿Por qué entonces mis reflexiones muchas veces suenan como afirmaciones categóricas?
Una de las razones es que este es mi modo de inspirar – Escribo en lenguaje fuerte y provocativo para estimular al lector. También a veces critico la filo-sofía ortodoxa para alentarnos a explorar caminos no ortodoxos. Mis declaraciones tienen como propósito cuestionar el monopolio que tiene la ortodoxia y abrir así la puerta a formas alternativas de filosofar.
Pero hay una tercera razón que es mucho más importante: por las limitaciones de la gramática. Ese es el problema de las reglas del lenguaje, que cuando combinamos un sujeto y un predicado y construimos una proposición gramatical, el resultado suena como una afirmación categórica.
Me gustaría que hubiese una conjugación lingüística especial o un tiempo gramatical especial, que pudiese expresar ideas sin convertirlas en proposiciones. Podríamos llamarlo el “tiempo filosófico” o “ el tiempo reflexivo”: el tiempo pasado. El tiempo presente, el tiempo futuro… y el tiempo reflexivo.
A lo mejor deberíamos inventarlo.
Pero hay una cuarta razón por la que mis reflexiones muchas veces suenan como afirmaciones concluyentes. Había dicho un poco antes que no tengo opiniones filosóficas y que no pretendo que mis palabras sean universalmente verdaderas. Bueno, esto es inexacto. En realidad, muchas veces me dejo llevar y hago declaraciones sobre lo que está bien y lo que está mal, sobre como debería ser la filosofía y como no debería ser.
Lo admito. Y sin embargo solo es una parte mía la que está hablando. Es solo una parte mía la que está jugando el juego de la filosofía ortodoxa, el juego de tratar de captar la verdad universalmente válida. A veces me dejo llevar por el juego, pero como sugerí en la reflexión 18, la persona que juega un juego, también es más grande que el juego. El jugador de ajedrez que está absorto en el juego, es también conciente deque sólo es un juego. La persona que está mirando una película sabe en el fondo de su mente, que está sentada en un cine.
Así también solo una parte mía juega el juego de las afirmaciones categóricas. Soy un ser humano. No puedo liberarme de todos los juegos. Tengo mis mecanismos cognitivos, patrones sicológicos, condicionamientos culturales y programación biológica. Estos tienen su función y su valor, pero también me tientan a pretender que mis palabras son la verdad universal, que mi voz solitaria es toda la música, que mi pequeño tablero es toda la realidad. Y a pesar de ello, incluso en esos momentos cuando juego con las reglas de las afirmaciones categóricas y la verdad teórica, también puedo saber en el fondo de mi mente que esto sólo es un modo limitado de relacionarme con la realidad.
En algún sentido, por eso, mientras mi yo más inmediato está preocupado con sus juegos teóricos, mi yo más amplio - mi conciencia mas amplia – mira mas allá de las limitaciones de la teoría. Entonces trata de llegar a esos horizontes de la existencia humana, que ninguna teoría sola de validez universal puede captar.
Esto, sugiero yo, es el filó-sofo en mí (y en nosotros) la toma de conciencia, que es mucho más amplia que nuestras limitaciones normales, y que es testigo del amplio reino de la realidad humana: de la variedad de juegos humanos y limitaciones, así como de lo que está más allá de ellas.