Reflexión 21
DESARROLLANDO LA SENSIBILIDAD FILOSÓFICA
Traducido por Carmen Zavala
Por más de un año he estado escribiendo y haciendo circular mis reflexiones sobre la práctica filosófica y estoy muy agradecido por su interés, apoyo y comentarios. Me parece que ha llegado el momento de continuar con un modo distinto de escribir.
Estoy pensando en tratar de escribir una nueva serie de textos cortos. Permítanme compartir con ustedes algunos de los pensamientos que me han hecho llegar a esta idea.
Como muchas veces digo, me parece que si queremos que la filo-sofía sea un modo de ser, si queremos que no solo sea SOBRE la vida, sino que se de EN la vida, entonces no se puede limitar solamente a pensar. La filo-sofía tiene que estar presente no solo cuando discutimos asuntos abstractos en la clase o cuando escribimos artículos, sino también cuando vamos a comprar, cuando conversamos con un amigo o nos sentamos a comer. Después de todo el filó-sofo es un ser humano en este mundo y su sabiduría también está en este mundo.
Filo-sofía no significa tomarse un descanso de la vida, sino que es como una dimensión más de la vida, una dimensión de comprensión, de sentido.
Por lo tanto, en tanto ser humano manejo hacia el trabajo, lavo la vajilla, hago llamadas telefónicas, me encuentro con amigos, pero como filó-sofo hago todo esto con una sensibilidad adicional para nuevas formas de comprensión. Mantengo una especial apertura, una disposición para discernir las “voces” de la vida y expresarlas. No solo en mis palabras, pero en todo mi modo de ser. Soy un testigo de la multiplicidad de sentidos de la realidad humana.
Esto implica, me parece, que en tanto filó-sofo no pienso ni hablo solo en nombre de mi propio pequeño yo. No siento, ni actúo desde mi ego centrado en mí mismo, desde la prisión de mis presupuestos, desde mis juegos sicológicos y sociales. En vez de eso, dejo que una forma de entendimiento mayor hable dentro de mí. En otras palabras, le doy voz a esas partes de mi ser que normalmente están reprimidas y marginadas por los juegos sociales, por mis necesidades sicológicas, por mi agenda personal y prejuicios culturales. Aspiro a llegar a tener una mayor conciencia, que permita a otras partes de mi realidad, hablar a través mío, y por lo tanto, permitir que un rango mayor de comprensión actúe en mi vida.
Obviamente que ser un filó-sofo en este sentido requiere de una profunda transformación, que implica nuevas sensibilidades y actitudes.
Claro que como ser humano continúo siendo la misma persona que antes, con sus tendencias familiares, preferencias, talentos y limitaciones. Pero al mismo tiempo, en tanto filó-sofo ya no estoy tan confinado a este antiguo yo, no estoy completamente inmerso en mis preocupaciones personales y placeres y puntos de vista subjetivos. Ya no soy solo mi pequeño yo, porque mi comprensión va más allá de los límites de mi yo. Ahora me extiendo más allá de mi prisión y en ese sentido soy más grande que yo mismo. Mi vida está impregnada por una dimisión adicional, una conciencia mayor, es más, una realidad mayor. Ahora ya no pertenezco sólo a mi yo, sino a un ámbito más amplio de sentido y comprensión.
Puedo imaginar a alguien quejándose de que mis palabras son demasiado vagas, demasiado poéticas.
“¡No entiendo lo que estás describiendo!”
Y esa persona estaría en lo correcto. Lo que he escrito no pretende ser un análisis o una teoría. Es más, no pienso que una teoría pueda “capturar” el sentido de la vida filo-sófica, porque la filo-sofía, por su propia naturaleza, es una búsqueda abierta en lo desconocido. Mis palabras solo tienen como intención servir como un dedo que apunta en determinada dirección, que necesita ser explorada. Son como un ademán hacia el inicio del camino que desaparece más allá del horizonte.
Sin embargo, aunque solo esté apuntando en una dirección que haya que explorar, es legítimo preguntarse: ¿Cómo caminamos en esta dirección? Y además, ¿qué tipo de guía o tutoría podemos ofrecerle a aquellos que deseen acompañarnos en este camino?
Sugiero que una cosa importante que necesitamos para este tipo de vida filo-sófica y exploración filo-sófica es lo que puede ser llamado “sensibilidad filo-sófica”. Como filósofo tengo que desarrollar una sensibilidad para los sentidos, un “oído” para nuevas formas de comprensión, un “ojo” para ver más allá de las paredes normales alrededor mío. Necesito desarrollar la capacidad de detectar nuevas voces de la realidad humana y dejar que hablen dentro de mí, en vez de imponer al mundo mi propia sapiencia. Esto requiere de una actitud especial, una actitud contemplativa a lo largo del día. Contemplativa- en el sentido de abrirme, más allá de mi mismo, a nuevas comprensiones que hablen en mí.
Pero ¿como es que obtenemos este tipo de sensibilidad filo-sófica? ¿Cómo nos entrenamos y cómo entrenamos a otros?
Me parece que sería de ayuda aquí tomar en cuenta una analogía del mundo del arte. Cuando enseñamos música o pintura, esperamos que el estudiante eventualmente llegue a ser capaz de tocar o pintar de manera creativa. Esperamos que desarrolle su propia visión artística personal. Pero este es el fin último, no el comienzo. Un estudiante no puede empezar creando grandes obras. Para poder crear música o pinturas primero tiene que aprender las técnicas básicas, aprender las claves musicales o los métodos para pintar sobre lienzo, dominar las reglas de armonía y las reglas de perspectiva y estar familiarizado con gran cantidad de material clásico. Debe pasar muchas horas haciendo ejercicios. Recién entonces, después de domine las capacidades y técnicas básicas, cuando haya adquirido sensibilidades y una capacidad de escuchar y ver, recién entonces estará lista para ir más allá de esas herramientas, de ir “a través” de estos tecnicismos a la cosa real.
Sugiero que de la misma manera, no puedo ser un verdadero filó-sofo a partir de la nada. Tengo que empezar a aprender técnicas de análisis de conceptos, métodos de desenmascarar presupuestos escondidos, maneras de construir argumentos. Tengo que estudiar los textos de los grandes pensadores y ver cómo expresan las ideas que surgieron en ellos.
Poco a poco voy adquiriendo las capacidades técnicas, el conocimiento, y las sensibilidades apropiadas y sólo entonces puedo empezar a crear gradualmente, para abrirme a nuevas formas de entender de incorporar la filo-sofía en mi vida.
Esto implica que el currículo de la filosofía en las universidades no es totalmente inútil para nosotros. Algunos de sus aspectos son muy relevantes para nosotros como filó-sofos, especialmente aquellos que tratan de técnicas filosóficas y de temas de la vida diaria, tales como el amor, la libertad o la autenticidad.
A pesar de que este material académico no es importante como un objetivo en sí, es parte de los ejercicios de entrenamiento que nos pueden ayudar a desarrollar nuestra sensibilidad filo-sófica, a condición de que eventualmente lleguemos a ir más allá de éstos.
* * *
Estos son algunos de los pensamientos que me han llevado a decidir empezar a escribir un tipo diferente de textos cortos. Estos textos tendrán como propósito ayudar a agudizar nuestras sensibilidades filosóficas a la vida cotidiana. La idea es que cada uno de estos textos se centrará en un tema de la vida cotidiana, y se valdrá de los textos de múltiples filósofos para explorar posibles modos de comprensión que surgen de esos tópicos.
Pero permítanme terminar aquí. No quiero aproximarme a este nuevo proyecto con demasiadas ideas preconcebidas. Permítanme esperar y ver cómo se materializa en mí. Espero que pronto sea capaz de compartir con ustedes los primeros textos y espero aún más, que sean de interés para ustedes y para sus estudiantes de práctica filosófica.
DESARROLLANDO LA SENSIBILIDAD FILOSÓFICA