CURSO DE PRÁCTICA FILO-SÓFICA
LECCIÓN 6: SOBRE LAS FUERZAS
Traducido por Carmen Zavala
Muchas veces no nos damos cuenta de lo rígido que es nuestro perímetro y cuán resistente es al cambio. No nos damos cuenta, en otras palabras, de lo poderosos que son nuestros patrones emocionales y de conducta. La razón es que normalmente no nos resistimos a ellos, sino que simplemente los seguimos de manera automática, como si fuese la cosa más natural hacerlo. Seguirlos requiere de muy poco esfuerzo. Por ejemplo, una persona a la que le gusta discutir no necesita hacer mayor esfuerzo para empezar a discutir, es algo que le nace. De la misma manera una fanática del trabajo no necesita obligarse a sí misma a trabajar duro – es su inclinación espontánea.
Esto es especialmente cierto en el caso de los patrones humanos universales que son comunes a la mayoría de los seres humanos. Por ejemplo, la mayoría de nosotros actúa – sin mayor reflexión o esfuerzo – de manera que los demás nos entiendan, para parecer consistentes y razonables, para seguir las reglas de buena educación de la sociedad, para dar una buena impresión a nuestros amigos. Los libros de psicología están llenos de descripciones de estos patrones automáticos.
El resultado es que nos sentimos libres a pesar de que en verdad estamos siguiendo nuestras concepciones y patrones universales. En otras palabras, estamos confinados a nuestro pequeño perímetro, pero no lo experimentamos como que estamos restringidos, porque es aquí donde sentimos cómodos y como en nuestro lugar natural. Por lo tanto, si una persona normal responde cortésmente o si una persona a la que le gusta discutir, discute, no sienten las paredes de su prisión si nunca han tratado de salir de ella. Como un río que fluye entre dos orillas, fluyen a lo largo de un estrecho sendero que es fácil, pero limitado.
Sólo cuando el río trata de salirse de su cauce –o cuando el prisionero trata de abandonar la prisión- es que se dan cuenta de que realmente están restringidos. En otras palabras, cuando tratamos de romper con nuestros patrones y concepciones, lo encontramos extremadamente difícil y muchas veces imposible.
Muchos tipos de sentimientos nos presionan a mantener nuestro viejo patrón familiar: Cuando actúo irracionalmente, por ejemplo, me siento ansioso por corregirme o explicarme. Análogamente, la persona tímida se siente nerviosa cuando decide hablar en público; el egocéntrico se aburre en una conversación sobre otros; a la mujer insegura le da vergüenza cuando le piden mostrar sus dibujos; el fumador siente una tentación insoportable cuando trata de dejar de fumar; el hablador compulsivo siente una necesidad tremenda de hablar cuando le piden que escuche.
Estos sentimientos y necesidades nos presionan a volver a nuestros antiguos patrones familiares y a sus concepciones correspondientes. E incluso si alguna vez las superamos, probablemente sigamos sintiendo esa dificultad, y tarde o temprano retornaremos a nuestros patrones usuales.
Esto significa que los muros de nuestro perímetro son verdaderos muros de una prisión. Actúan como FUERZAS que nos presionan hacia nuestros patrones y concepciones.
Los psicólogos y sociólogos investigan las causas de estas fuerzas – tendencias humanas innatas, mecanismos de defensa, traumas infantiles, presiones sociales, etc. Pero en tanto filó-sofos prácticos estamos interesados en cómo se manifiestan esas fuerzas en el perímetro del individuo, no en los mecanismos detrás de él.
EJEMPLO
Poco después de su matrimonio, Nancy descubre que nunca le dice “no” a su marido. Si por ejemplo él le sugiere: “¿Qué tal si vamos al restaurante chino Nancy?”, a ella le resulta casi imposible rehusarse. Después de reflexionar un poco se da cuenta de que esa es también la actitud frente a sus padres y frente a sus dos mejores amigas.
Qué extraño, piensa ella, su marido siempre es tan bueno y dulce y sus padres nunca se molestan, entonces ¿por qué tiene tanto miedo de decir “no”? Además, no le da miedo contradecir a otras personas – a sus vecinos, sus colegas en el trabajo, incluso a su jefe.
Después de pensar en su patrón de comportamiento, empieza a entender la concepción que está detrás de éste. Es como si algo dentro de ella dijese: “Amor significa acuerdo total”. Algo dentro de ella tiene miedo de que el desacuerdo pudiera oponerse a sus relaciones de amor.
Se queda pensando por varios días sobre esto, así como sobre otros comportamientos y emociones y luego se da cuenta de que todos se enmarcan dentro de una concepción general: “Amar significa fusionarse. Si amas a alguien, los dos devienen una persona: una opinión, un comportamiento, un uno de todo.” Ahora se da cuenta por qué siempre necesita saber qué es lo que está haciendo y pensando su marido, por qué siempre se encuentra con que entra a su oficina para limpiarla, por qué se pone impaciente cuando sale con sus amigos, y muchas otras cosas.
Nancy decide romper con esa concepción y con los patrones que ella crea. Al día siguiente cuando su marido le sugiere ir a pasear al parque, le mira a los ojos y duda. Quiere decir no, pero su sonrisa hace que su decisión se diluya. Siente que no puede decepcionarlo, que no tiene el valor de hacerlo.
“Debo hacer más esfuerzo”, decide luego.
Al día siguiente cuando su marido le sugiere ir a visitar a su amigo Tonio en la noche, ella logra bloquear su tendencia natural a aceptar. En vez de ello se obliga a responder: “No, esta noche no Kenny. ¿Por qué no vas sin mí?
Inmediatamente la ansiedad embarga su corazón. Toma aliento y se encuentra a sí misma buscando nuevamente su cara una y otra vez, para ver si está molesto u ofendido. Por el resto del día ella es super-buena con él, tratando de apaciguarlo.
En la noche después de que él va a ver a Tonio, se siente nerviosa. “Este nerviosismo es estúpido”, se dice a sí misma. “¿Por qué no voy a dejar que esté por su cuenta?” Pero su razonamiento no la calma y sus emociones siguen hablando el lenguaje de su antigua concepción. No puede dominar su ansiedad.
Se pasa meses luchando contra sus patrones emocionales y de comportamiento. Pero si bien ha mejorado su capacidad de obligarse a sí misma a dejar a su marido solo de vez en cuando, sigue siendo, sin embargo, difícil. Sigue sintiendo la necesidad de fusionarse con él y sólo puede resistirse a esto a través de una decisión y un esfuerzo concientes. En el fondo de su corazón su concepción de amor sigue invariable.
EN LA PRÁCTICA FILO-SÓFICA
Nuestra cultura contemporánea está encantada con la idea de la auto-transformación, y la auto-superación. El mercado nos inunda con libros de auto-ayuda y talleres y clases de auto-superación. Cómo ser más feliz, cómo mejorar la autoestima, como ser mejores padres, cómo tener mejor sexo. Aparentemente no somos suficientemente buenos y tenemos que ser mejores.
Pero en la práctica filosófica una aproximación así estaría descaminada. Este tipo de auto-superación puede que sea una tarea legítima para algunas psicoterapias, pero la filosofía sólo puede adoptarla a cambio de volverse trivial y superficial. Haría que la filosofía pasara de ser una búsqueda de sabiduría a convertirse en técnicas pragmáticas de modificación del comportamiento o de las emociones. Es más, simplemente reemplazaría un patrón con otro, el de la timidez con el de la decisión firme, el de la molestia con sonrisas, reemplazaría una prisión por una prisión más cómoda.
En la filo-sofía no buscamos soluciones pragmáticas o prisiones cómodas. Nuestro objetivo es más ambicioso: abrirnos a horizontes más amplios de comprensión y de vida. Pero esto no significa que tratemos de abolir los muros de nuestro perímetro. Una vez que apreciemos la enorme resistencia de nuestros patrones y concepciones, nos damos cuenta de que esa es una meta irreal. Nos damos cuenta de que es básicamente imposible eliminar nuestra personalidad y actitudes básicas frente a la vida.
Hasta un cierto punto, claro que podemos hacer cambios en nosotros. Podemos adquirir conocimiento nuevo, podemos modificar comportamientos específicos que son periféricos a nuestra personalidad (p.ej. fumar, ¡aunque incluso eso pueda ser extremadamente difícil!); podemos adoptar nuevas técnicas para tratar con alguna emoción problemática específica (p.ej. algún truco para superar el miedo), podemos aprender a hablar de manera diferente (p.ej. decir cosas positivas), o cómo pensar en nosotros con un nuevo vocabulario. Muchas terapias hacen precisamente esto. Pero aunque estos cambios superficiales nos ayuden a sentirnos mejor, dejan básicamente sin cambio alguno el perfil básico de nuestro perímetro.
Como filó-sofos prácticos nuestro objetivo primario es crecer a través de la comprensión, no es fijar comportamientos o emociones. Entendemos las enormes fuerzas que sostienen nuestros patrones y concepciones. Nos damos cuenta de que nuestra fuerza de voluntad y autocontrol tienen poca capacidad de cambiarnos. Como consejeros o coordinadores de talleres abandonamos la esperanza ingenua de que el auto-conocimiento le permita al aconsejado cambiar de alguna manera sustancial. Tenemos entendido, que aun cuando los consultantes están concientes de sus patrones e incluso cuando deciden cambiarlos, la distancia a un cambio efectivo es enorme.
Cuando entiendo a las fuerzas que mantienen mis patrones y concepciones, el resultado es la humildad. Acepto la debilidad de mi autocontrol y de mi voluntad. Comprendo lo poco que mis esfuerzos pueden influenciar mi perímetro. Mi “yo” conciente, constantemente ocupado, al que le gusta controlar y decidir y dictar, se da cuenta de sus limitaciones.
Esto me inspira a dejar que mi yo-controlador se desprenda de mí, a abandonar mi actitud auto-controladora y a abrirme a otras actitudes. Abro en mí un espacio para otras fuentes dentro de mí, para nuevas fuentes de inspiración, de comprensión, de sabiduría. Al hacer a un lado mi astuto pequeño yo, les permito actuar dentro de mí.
Esto es, por cierto, un momento importante en el proceso de la práctica filo-sófica: el momento de descubrir que no soy tan libre como pensaba, que soy un prisionero de poderosos patrones. El darme cuenta de esto, abre la puerta para un verdadero cambio y comprensión filo-sófica – no un cambio de mi comportamiento y emociones impuesto por la razón, sino más bien una nueva dimensión de ser. Pero esto es un tema para una lección futura.
EJERCICIO
En este ejercicio tu tarea es sentir las fuerzas de tus patrones y concepciones al tratar de oponerte a ellos. Si, eres como la mayoría de la gente a la que no le gusta hacer el ridículo, entonces puedes hace lo siguiente:
Anda a una tienda y pide comprar algo que obviamente no venden allí. Por ejemplo, anda a un punto de venta de entradas y pide un sandwich o anda a un restaurante y pide comprar un martillo. Aun si no tuvieses el valor de hacer este ejercicio, trata de ir lo más lejos que puedas. Aunque lo logres o no, toma conciencia de la resistencia interna: la tensión y la ansiedad, la batalla interior, el esfuerzo.
A lo mejor desearías objetar: “no quiero hacerlo porque no quiero ofender a nadie”, “No quiero hacerles perder su tiempo”, etc. Estas son excusas. Lo más probable es que no tengas el valor de hacerlo, lo que significa que tu patrón es demasiado poderoso. Este probablemente sea el patrón de cumplir con las expectativas sociales expresando la concepción:”Uno debería comportarse como se espera de uno”, o: “Uno debería parecer razonable.”
También puedes hacer un ejercicio similar con un patrón personal (no universal), que sea particularmente tuyo. Una vez más, ya sea que lo logres o no, date cuenta de tu resistencia interna, el esfuerzo, la batalla.