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Filosofía espiritual -  Práctica filosófica y más allá

 
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Textos para leer y contemplar


 

 
CURSO DE PRÁCTICA FILO-SÓFICA
 
LECCIÓN 9: DESPERTANDO FUENTES OCULTAS DE PLENITUD
   
Traducido por Carmen Zavala
 
 
Es central en la práctica filo-sófica la noción de Platón de salir de la caverna, o lo que llamamos acá, “trascender nuestro perímetro”. Pero esta metáfora no debería llevarnos al equívoco de pensar que el objetivo del filó-sofo es estar más allá de todo tipo de ataduras, liberado de todo tipo de patrones y concepciones. En tanto seres humanos, no podemos estar desprovistos de tendencias, estructuras y rasgos de personalidad. Y ese tampoco es un objetivo deseable. Una persona sin personalidad o estructura psicológica (si es que hubiese tal persona) no puede desarrollar relaciones, proponerse objetivos a seguir, ni incluso vivir en este mundo.
 
Lo que podemos hacer, sin embargo, como filó-sofos, es trascender nuestras limitaciones en un aspecto específico de nuestro ser. Podemos, en otras palabras, salir de nuestra caverna en ciertos aspectos, en cierto nivel. Como seres humanos siempre estaremos limitados por un perímetro por estructuras psicológicas y culturales – pero podemos sobrepasarlas en cierta dimensión: en la dimensión de la sabiduría.
 
Metafóricamente podemos pensar en la dimensión de la sabiduría como un lente que le añade profundidad a una fotografía bidimensional, o como los ojos de un hipopótamo que ve por encima del agua. La fotografía sigue siendo una fotografía, y el cuerpo del hipopótamo sigue estando bajo el agua, pero ahora revelan un horizonte más pleno de la realidad. La sabiduría entonces, colorea nuestras vidas con profundidad y realidad, añadiéndole una nueva dimensión a los eventos cotidianos y haciéndonos más grandes que nuestros perímetros. Hasta cierto punto la sabiduría también puede ampliar nuestro perímetro, pero no puede eliminarlo – lo que quiere decir que no puede eliminar nuestra humanidad.
 
¿Pero qué es la sabiduría? ¿Qué significa ser sabio?
 
Es más fácil empezar con qué es lo que la sabiduría no es. Evidentemente, una persona sabia no necesariamente esta dotada de un pensamiento lógico veloz o de conocimiento teórico. Un experto en computadoras o un profesor universitario no necesariamente es un sabio o una sabia. Ser sabio significa entender la vida de una manera más amplia, no solo en teoría, sino a través de nuestras actitudes, comportamientos, emociones y todo nuestro modo de ser. Así pues, no consideraríamos que es sabia, una persona pedante, centrada en si misma o preocupada por su salud y sus posesiones o que esta enfrascada en una ideología particular. Una persona sabia no está limitada a las preocupaciones centradas en si misma, sino que está en contacto con una realidad más grande, con horizontes más amplios de la existencia humana.
 
Entonces, la persona sabia esta compenetrada con un mundo más grande; está en contacto con un ámbtio mas pleno de la realidad. Sus actitudes y comportamientos y toda su manera de ser expresan más que simplemente su perspectiva y sus preocupaciones específicas, centradas en si misma; expresan también un horizonte mas amplio de comprensión de la vida.
 
Esto significa que la sabiduría no es ante todo un conocimiento DE una realidad más grande, sino más bien comprender y vivir DESDE una realidad más grande. Adquirir sabiduría significa que algunas de nuestras actitudes frente a la vida se nutren de más que de de un estrecho perímetro. Emergen no solo de nuestros patrones y concepciones consolidados, sino que también están animados e inspirados por un ámbito más amplio de fuentes y recursos. Las fuentes de nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestros comportamientos y actitudes se nutren de fuentes más grandes de comprensión. Estas fuentes también pueden nutrir la alegría, el amor, el coraje, la creatividad, y en ese sentido son fuentes de plenitud.
 
Claro que todos tenemos algún grado de sabiduría. Todos nosotros somos más que nuestro perímetro, independientemente de si estamos involucrados o no en una actividad filo-sófica. Lo que anima nuestras actitudes hacia la vida siempre es más que nuestros patrones y concepciones habituales. Una simple auto-reflexión mostraría que en muchos momentos de la vida diaria trascendemos nuestro perímetro habitual – por ejemplo cuando de pronto tenemos un chispazo de una comprensión sorprendente, o cuando estamos inspirados para actuar de una manera nueva, sensible a un ámbito de vida mas grande, o cuando nos sobrecoge una rara apreciación de intimidad o de belleza. Lo que sucede en esos momentos especiales, es que recursos desacostumbrados infunden en nosotros actitudes nuevas con respecto a la realidad, y por lo tanto nuevos tipos de sentimientos y comportamientos. Pero estas fuentes más profundas de comprensión habitualmente están dormidas en la vida cotidiana. La búsqueda de sabiduría requiere que aprendamos a despertarlas.
 
Algunos querrían denominar a estas fuentes, el inconsciente; otros puede ser que las consideren el inconsciente colectivo, o el alma o el espíritu, o incluso Dios hablando en nosotros. No necesitamos entrar en esas especulaciones y discusiones metafísicas. Para nuestro propósito podemos llamarlas fuentes ocultas de comprensión o de plenitud.
 
Este es entonces el significado de ir más allá de nuestro perímetro: despertar nuestras fuentes ocultas y aprender a entenderlas y vivir a partir de ellas de manera más plena.
 
 
EJEMPLO
 
Raquel es una persona práctica. Trabaja en un banco, donde se la considera una trabajadora excelente: es eficiente y confiable, y siempre sigue las instrucciones. Después del trabajo se la pasa la mayor cantidad de tiempo limpiando la casa y preparando la comida, y luego leyendo el periódico y mirando las noticias. Muchos de sus colegas la encuentran de alguna manera aburrida. En las conversaciones ella relata de manera bastante seca lo que le pasó en el trabajo, o simplemente repite las últimas noticias de la televisión. Si alguien trata de hablar con ella sobre arte, cine o religión, o incluso sobre especulaciones políticas, su cara se contorsiona y dice algo así como “No estoy interesada en ese tipo de cosas”.
 
Pareciera que su mundo estuviera hecho de hechos concretos y nada más; como si sólo los hechos tuviesen realidad y valor para ella. Todo lo demás – opiniones, la imaginación, los juegos, las ideas abstractas – carecen de sentido y son incluso sospechosos.
 
Un día, Linda llega al banco para depositar un cheque. Las dos intercambian algunos comentarios corteses sobre el clima.
 
“Estás vestida muy veraniega”, dice Raquel. “El meteorólogo dice que hay un 90% de posibilidades de que llueva hoy.”
 
“Prefiero no saberlo”, le dice Linda y firma su cheque. “Me gusta dejar la puerta abierta para sorpresas. ¿No te sientes a veces sobrecargada por tener demasiada información, demasiados hechos?
 
Extrañamente esto le toca a Raquel y remueve algo en ella. Una nueva comprensión surge en su conciencia. “A veces no saber es mejor que saber,” repite sin entender exactamente sus propias palabras.
 
Raquel está sorprendida por la comprensión que se le vino a la mente. Le da una sensación de expansión, como si su mente fuese más amplia de lo suele ser habitualmente. A la hora del almuerzo no siente la necesidad de leer el periódico. En vez de ello se encuentra a sí misma leyendo una historia en una revista, y casi disfrutándolo.
 
“Las ideas de este tipo no son tan estúpidas como yo pensaba”, se admitió a sí misma.”Tambien ellas tiene algo que decirme.”
 
Como era de suponerse, Raquel rápidamente vuelve a sus actitudes y patrones acostumbrados. Continúa prefiriendo hechos concretos y a hablar de manera seca sobre las noticias, y a no gustar de las especulaciones y los juegos. Por más que lo intente, no logra interesarse en el arte o la literatura. En pocas palabras, Raquel continúa siendo Raquel. Y sin embargo, hay algo que es diferente en ella ahora. Una conciencia más amplia, que surge cada tanto de algunas fuentes ocultas dentro de ella, añaden nuevos colores a sus actitudes, como un suave halo de auto-comprensión.
 
 
EN LA PRÁCTICA FILOSÓFICA

En el proceso de la práctica filosófica, después de haber logrado alguna comprensión de las limitaciones de nuestro perímetro, es tiempo de “escuchar” más allá de ellas. Este “escuchar” es posible porque no estamos totalmente encerrados en nuestro perímetro: tenemos los recursos interiores para apreciar otros modos de comprensión y otras maneras de relacionarse con el mundo. En algún sentido ya estamos más allá de nuestro perímetro, pero no estamos plenamente concientes de ello. Nuestra tarea ahora es la de “conectarnos” a esos recursos ocultos.
 
Normalmente esto no es fácil. Solemos sentir resistencia, crítica, o desagrado hacia toda cosa fuera de nuestras propias maneras de ser a las que estamos acostumbradas. Aunque podamos declarar tolerancia de manera teórica, en la práctica muchas veces nos resistimos a la posibilidad de que otras actitudes puedan hablar en nosotros o animarnos. Después de todo, nuestro perímetro se sostiene por fuerzas poderosas.
 
A estas alturas, por ello, es importante para el filó-sofo evitar argumentos teóricos. Es el momento de abrirnos y de “escuchar” a otras comprensiones y otras actitudes que puedan hablar en nosotros. No criticamos o analizamos, no nos preocupamos de lo correcto o lo incorrecto, simplemente nos abrimos a nuevas comprensiones. Pero no es suficiente comprender desde un punto de vista teórico - pensar EN actitudes alternativas. El reto es comprender DESDE actitudes alternativas, en otras palabras encontrar nuevas comprensiones que hablan dentro de nosotros. El simple hecho de que nos abramos a algunas fuentes interiores adicionales ya es un paso más allá de nuestro perímetro hacia una nueva dimensión.
 
 
EJERCICIO
 
Obsérvate durante el día y fíjate en momentos en los que diferentes comprensiones interiores te animen.
 
Para hacer esto, empieza por hacerte conciente de pequeños eventos o momentos cotidianos: un pensamiento pasajero, una frase que pronuncias, la postura de tu cuerpo y la voz cuando hablas, tu contacto visual y el movimiento de tus manos, tu sentimiento de tensión o de aburrimiento – cuando estás haciendo una cola, o conversando con un amigo, o lavando la vajilla. No analices y no califiques. Simplemente familiarízate con el modo como estos eventos fluyen de ti, y por lo tanto con las actitudes habituales frente a tu mundo, a otros y a ti mismo.
 
Y ahora fíjate en los momentos que se diferencian hasta cierto grado de esas actitudes habituales. Pregúntate qué actitudes expresan esos momentos y trata de contestar esa pregunta en palabras. Luego pregúntate cómo esas actitudes interpretan o “comprenden” las situaciones en las que aparecen. Finalmente pregúntate si esas comprensiones son de un ámbito más amplio que tus actitudes habituales, o si no lo son, en otras palabras, si acaso emergen de más allá de tu perímetro habitual, de una apreciación más amplia de la realidad. (Puede ser que objetes que estas preguntas son demasiado vagas, y que necesitas más instrucciones. Pero es mejor dejar estas preguntas abiertas, para que puedas explorarlas a tu manera muy particular. Después de todo, la filo-sofía es una travesía personal.)
 

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