Reflexiones Sobre la Filosofía Práctica
Reflexión 17: ¿La filo-sofïa es realmente una nueva forma de filosofïa?
Reflexión 18: Contemplar más allá de los juegos
Reflexión 19: El diálogo polifónico
Reflexión 20: Cómo las ideas abiertas me abren a mí
Reflexión 21: Desarrollando la sensibilidad filosófica
Reflexion 17
¿LA FILO- SOFÍA ES REALMENTE UNA NUEVA FORMA DE FILOSOFÍA?
Traducido por Carmen Zavala
Es fascinante ver, cómo se inician los nuevos estudiantes universitarios en la filosofía. Al comienzo sus pensamientos parecen confundidos –por lo menos en relación a lo que nosotros consideramos como un buen pensar filosófico. No logran entender un texto simple, ni distinguen líneas de razonamiento obvias, ni se dan cuenta de los
presupuestos ocultos.
Poco a poco, sin embargo, siguiendo el ejemplo de sus profesores y sus textos, aprenden a seguir los pasos de la filosofía predominante. En poco tiempo ya saben citar a Sartre, o discutir a Hume o formular un argumento. En poco tiempo pensar filosóficamente les parecerá completamente natural.
Qué fascinante: una mente ha sido entrenada. También ha sido iniciada una mente…. ¿en qué?¿Cuál es la naturaleza de este campo filosófico en el que se han iniciado?
La filosofía occidental puede ser considerada una forma de discurso especializada. Es un discurso que gira alrededor de ciertas cuestiones, teorías, conceptos y métodos de investigación específicos y que en su mayor parte ha sido inspirado por ciertos textos
"canónicos" como los escritos de Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, etc. (aparte de algunos filósofos "menores" en la periferia de este respetable club)
Claro que muchos otros pensadores a lo largo de la historia de Occidente, no han sido incluidos en este club exclusivista: Mucho han sido rechazados porque fueron juzgados como irrelevantes o superficiales. Otros fueron desanimados de escribir, o ni siquiera
fueron aceptados a las escuelas, porque su modo de pensar era muy diferente y "extraño". Es más, muchos pensadores potenciales nunca desarrollaron sus pensamientos porque fueron desalentados por una atmósfera intelectual demasiado extraña para ellos (¡Piensen cómo un joven Descartes hubiera sido desalentado en una escuela taoista!)
Estos pensadores y pensadores potenciales fueron marginados, ignorados o simplemente no escuchados. Sus pensamientos hubieran podido inspirar diferentes tipos de filosofía, pero no lo hicieron. El discurso de la filosofía occidental resultó siendo formado por un pequeño grupo de pensadores canónicos y de sus textos, métodos, cuestiones y conceptos.
Y esto define más o menos lo que estudiamos como filosofía occidental. Por cierto, TIENES que estudiar este discurso especializado si quieres que te traten como un filósofo serio. De lo contrario, ninguna revista respetable publicará tus textos, ni ningún departamento académico te contratará.
Todo esto resulta bastante curioso. Si la filosofía es una búsqueda de sabiduría y comprensión, entonces por qué excluyó tantas formas alternativas de discurso? Después de todo, en otras culturas hay otras formas de pensar, que se basan en presupuestos, métodos y conceptos diferentes.
¿Cuál fue la fuerza motriz que hizo de la filosofía occidental un discurso tan especializado?
La historia oficial, que se enseña en las clases de filosofía, es que hay buenas razones que han hecho de Platón y Descartes, etc., los paradigmas de qué cosa es la filosofía. Hay razones que explican por ejemplo, por qué Diógenes el cínico u otro Sr. Anónimo no se han convertido en héroes filosóficos. Probablemente, la razón sea el juicio en base al cual se ha determinado si una determinada aproximación filosófica florecería o perecería en la historia.
¿Pero acaso esta historia oficial es precisa? Después de todo, la historia muchas veces no se ha formado por la razón, sino por las luchas de poder, intereses personales y competencias por la fama y el control. ¿Será posible que la historia "oficial" sea unilateral, como la propaganda de las autoridades?
Veamos a la historia de la filosofía desde una perspectiva sociológica. Un discurso especializado, basado en textos y métodos canónicos quiere decir una TRADICIÓN: un cuerpo de ideas relativamente estable, que se desarrolla lentamente y que es estudiado, emulado, reverenciado y discutido.
En este sentido, tradición significa conservadurismo. Porque promociona un discurso que requiere de mucho entrenamiento y estudio, rechazando aproximaciones demasiado personales, originales o librepensadoras. Una tradición marca una clara distinción entre filosofía legítima ("buena", "importante") y filosofía ilegítima ("mala", "superficial"), entre lo correcto y lo incorrecto, entre ortodoxia y heterodoxia. Es más, una tradición filosófica promueve filosofías que producen productos universales (teorías, metodologías) que pueden ser recogidas y transmitidas, y elimina filosofías con
final abierto. Prefiere ideas que pueden poseerse en pensamiento y por escrito, en oposición a ideas que puedan ser vividas en la vida cotidiana.
El resultado es la filosofía que tenemos hoy en día, la filosofía que ha sido preservada en los libros de historia, y que es llamada "filosofía occidental".
"¿Cómo pudo ocurrir esto? ¿Quién convirtió a la filosofía occidental en un discurso tan conservador? ¿Quién se benefició con este tipo de conservadurismo? La respuesta me parece clara. El conservadurismo de la filosofía fue creado por las instituciones: la Universidad, la academia, la iglesia o el monasterio, las revistas profesionales
especializadas. Las instituciones necesitan estabilidad. El establishment filosófico necesita textos, métodos y terminología especializados para justificar su status especial. Los filósofos institucionalizados necesitan conocimiento y métodos para mantener su autoridad. Sólo gracias a su profesionalismo pueden trazar la línea entre aquellos que están iniciados y que no lo están, entre filosofías aceptables y filosofías no aceptables, entre lo superior y lo inferior, entre ellos y los demás.
Resumiendo, la corriente principal de la filosofía occidental es la filosofía del establishment, de las instituciones dominantes. Es la filosofía de los que ostentan el poder y necesitan mantener su autoridad.
No estoy sugiriendo que los profesores universitarios sean unos cínicos, ávidos de poder. Me imagino que la mayoría de ellos incluyendo aquellos que están en la misma cima, están realmente interesados en la filosofía. Mi punto es que determinadas flores crecen en determinados habitats. En el suelo de las instituciones crece filosofía conservadora. Claro, algunas veces encontramos formas alternativas de hacer filosofía, que son aceptadas por el mundo académico (piensen por ejemplo en Kierkegaard), pero no pueden durar mucho tiempo. O desaparecen rápidamente de la escena académica, o se las domestica y re-interpreta y asimila a la "ortodoxia".
Esto no quiere decir, que la tradición es mala. Después de todo la tradición filosófica nos permite recordar ideas muy inspiradoras y desarrollarlas gradualmente y refinarlas, como podemos observar en los hermosos tesoros intelectuales que encontramos en los libros de filosofía.
Pero hay también un precio muy pesado a pagar. La ortodoxia limita a la filosofía a un discurso muy específico y elimina todas las formas alternativas de discurso. En el caso de la filosofía occidental, el discurso dominante se ha centrado en las discusiones abstractas que tienen como objetivo producir teorías, ignorando virtualmente toda
otra aproximación a la vida.
Esta situación es específicamente problemática para la práctica filo-sófica, que no es una forma institucional de hacer filosofía. Cualquiera que haya hecho algo de consejería filosófica sabe de la poca relevancia que Aristóteles o Descartes tienen para la vida
cotidiana. Los grandes textos ortodoxos tienen muy poco que decir sobre la vida concreta. Incluso aquellas filosofías de la antigüedad que han tratado de guiar nuestra vida cotidiana están muy lejos de la vida de una persona particular concreta. ¿Qué relevancia pueden tener las rígidas recetas estoicas para la persona en la calle?
La vida concreta es mucho más rica y compleja, mucho más multilateral y con final abierto, mucho más contradictoria y dinámica y personal que las fórmulas universales. Y la filosofía ortodoxa es demasiado cerrada y rígida como para apreciar esto.
Por eso me parece que para nosotros, los filó-sofos prácticos, el campo académico llamado "filosofía" no tiene mucho que ofrecer.
Espinoza y Leibniz no son más relevantes para nosotros que Sigmund Freud, Mircea Eliade o Meister Eckhart o Dostoevsky o Rilke, o incluso un shaman sabio del Amazonas. Como filó-sofos, no somos parte del discurso profesional especializado. No estamos especialmente conectados a la filosofía institucional. Somos viajeros en un mundo mucho más amplio.
Esta conclusión puede resultarnos quizás difícil a muchos de nosotros, filó-sofos prácticos. Hemos pasado tanto tiempo en los departamentos de filosofía, que nos puede costar vernos a nosotros mismo como otra cosa que no sea filósofos - y qué otra cosa podría ser además?
Pero tenemos que darnos cuenta, me parece, que si queremos tocar la realidad humana concreta, tenemos que salirnos de los muros de la ortodoxia filosófica. No tenemos por qué reverenciar a los héroes de la filosofía tradicional - a Aristóteles, a Kant y al resto. ¡Abajo los reyes! Son grandes reyes, pero no son NUESTROS reyes.
Uno podrá preguntarse: ¿Pero qué exactamente es lo que estás proponiendo en vez de eso?¿Qué discurso alternativo estás sugiriendo?¿Si rompemos con la manera institucional de pensar, entonces, a donde estamos yendo?
Claro que no voy a tartar de proporcionar una respuesta a estas preguntas. No intento sugerir una nueva prisión intelectual para reemplazar la anterior. Para mí, los filósofos son nómadas sin lugar de descanso. No pertenecemos a una disciplina o a un discurso particular. Estamos familiarizados con muchas maneras de pensar y de comprender, y no con UN solo camino; conocemos miles de métodos, pero ningún método último. Somos aquellos que buscan explorar las cuestiones y dudas y problemas humanos, pero que no tenemos respuestas que ofrecer. Estamos interesados en toda clase de desconciertos y ansiedades y anhelos, pero tenemos las manos vacías. Queremos estar en contacto con todas las facetas de la existencia humana, pero no sabemos como apretujarlas acomodándolas en una sola teoría organizada o visión del mundo.
Esto es, pienso yo, lo que somos como filó-sofos. Somos eternos nómadas – no porque estemos desilusionados o seamos cínicos, sino porque es aquí que encontramos la plenitud de la existencia humana: en el vasto e inagotable desierto de la vida. Es aquí donde encontramos el Ser, a Lu, la sagrada.
Y nuestra misión como filó-sofos, según lo veo yo, es invitar a otros a unirse a nosotros en nuestras travesías nómades. Invitamos a todos a ser filó-sofos junto con nosotros, no solo a los que tienen un grado institucional o entrenamiento en filosofía, pero a todo aquel que esté dispuesto a ser un no-conocedor.
Reflexión 18
CONTEMPLAR MÁS ALLÁ DE LOS JUEGOS
Traducido por Carmen Zavala
- ¿Cuál es el objetivo de la práctica filosófica?
- No puedo hablar sobre el objetivo. Mis reflexiones sólo expresan la voz personal de una persona en particular
- Está bien, entonces, ¿cuál es tu objetivo en filo-sofía?
- Como lo veo por ahora: ir más allá de las limitaciones de los juegos
- ¿Juegos? ¿Qué quieres decir?
Toma por ejemplo un juego de ajedrez. Tiramos una moneda "¡Yo soy blancas!"
Efectivamente, soy blancas. Las figuras de plástico blancas sobre el tablero de madera no sólo son mías – yo soy ellas. Cuando estoy absorto en el juego, ellas son el centro de mis esperanzas, de mis pensamientos, de mis arrepentimientos, de mis alegrías. Cuando tu reina negra se come a mi alfil blanco, siento un dolor muy real. Las acciones de las piezas blancas son mis acciones. Yo me muevo a través de ellas, me vengo, ataco, triunfo, vivo. Porque yo soy ellas. Durante la duración del juego, los 64 cuadrados negros y blancos son mi mundo.
Jugar un juego es ser transportado de la “vida real” a otra realidad – a un tablero de ajedrez, a un manojo de cartas o a una cancha de basquet. Cuando me siento a jugar, ya no soy el hombre que nació en Israel, que enseña filosofía y que tiene una cita con el dentista mañana. Estos hechos no importan para nada con respecto a donde está mi mente ahora. Para mí casi no tienen ninguna existencia.
Sin embargo, en el fondo de mi mente, estoy consciente de que sólo es un juego y de que tengo una cita con el dentista mañana. Efectivamente, estoy dividido en dos partes: una parte mía vive el juego, mientras la otra parte mía está vagamente consciente del mundo más amplio. Vivo en dos realidades a la vez: el juego, y el mundo "real".
Jugar juegos es un fenómeno tan común, que normalmente no nos damos cuenta de lo asombroso que es. Es asombroso que pueda ser los soldados blancos en el tablero y olvidarme de mis preocupaciones normales y de mi identidad. Es asombroso que pueda vivir dos vidas diferentes. Vidas diferentes, porque en cada una de ellas tengo diferentes intenciones y preferencias, diferentes esperanzas, temores y comportamientos. Es como si dentro de mí hubiera dos fuentes de motivación, de pensamiento y emoción, de vida.
Los juegos son mecanismos que me permiten vivir una segunda vida, una realidad alternativa. En ese sentido se parecen a las películas y a las novelas. En una película me como las uñas cuando atacan al héroe y suspiro aliviado cuando es rescatado. Me identifico con el protagonista, con sus preocupaciones, temores y esperanzas.
Y sin embargo, normalmente no confundo las dos realidades. Nunca confundo a la persona en la pantalla de la película con mi vecino sentado a mi costado.
¿En qué sentido un juego se diferencia del mundo "real?"
Un juego tiene reglas que limitan el comportamiento del jugador (p.ej., el rey solo puede moverse un casillero y uno no puede patear la pelota). Pero en nuestro mundo "real" también nos regimos por reglas: la ley de la gravedad, patrones psicológicos, normas sociales.
Un juego tiene un objetivo (p.ej. uno debe tratar de derrocar al rey del oponente, o de insertar la pelota de basquet). Pero en la vida "real" nuestras acciones también se rigen por nuestros objetivos: divertirnos, tener éxito, fama, seguridad, etc.
Por eso los juegos son imitaciones de la realidad, y por eso son tan fascinantes. Pero no son la realidad. Porque las reglas y los objetivos del juego son imaginarios. Son de mentiras. En el juego me comporto COMO SI fuese importante encestar la pelota; COMO SI la pelota no pudiese ser pateada sino sólo tocada por la mano. Estas reglas y objetivos no ejercen un poder real sobre mí. Solo estoy ligado a ellas mientras que las acepte, sólo mientras que me identifique con ellas como las que determinan mi realidad.
El asombroso poder de los juegos proviene de la capacidad de identificarme con reglas imaginarias y objetivos imaginarios como si fuesen reales. Nos identificamos con situaciones ficticias y sacamos a la realidad "real" hacia fuera de nuestra conciencia.
Hay juegos de mesa y juegos de pelota y juegos de cartas. Pero también hay juegos psicológicos y juegos sociales. Puedo jugar el juego "soy bonita" o "soy sabio", o el juego "soy un filósofo". Estos son juegos si es que me identifico con ellos; si pretendo que determinan quien soy. Por ejemplo puedo dejar que la idea "soy bonita" controle mi modo de actuar y de hablar. O puedo asumir una determinada postura y un determinado discurso de acuerdo a "soy sabio". Me impongo mí mismo determinados estándares (reglas, objetivos) y me restrinjo a mí mismo a
éstos. Mi realidad ahora está más restringida.
También hay juegos intelectuales: Me impongo a mí mismo determinados estándares de pensamiento y creencias -"Soy existencialista", "Creo en el dualismo", " Tengo un gusto refinado". Ajusto mis pensamientos a patrones, modos de pensar y presupuestos específicos.
Estos son juegos si es que identifico a mi realidad con ellos, si permito que restrinjan mi modo de pensar y de ser, si me imagino que ellos pueden determinar quien soy.
Jugar juegos es confinarme a mismo a una realidad imaginaria muy estrecha. Esto no necesariamente es malo. Los juegos pueden ser divertidos. También pueden ayudarnos a lograr alcanzar determinadas metas. Los juegos sociales salvan a la sociedad del caos.
Pero si entro a los juegos sin darme cuenta, si me pierdo en ellos por largos períodos de tiempo, entonces no vivo plenamente mi vida. Entonces pierdo el contacto con gran parte de la realidad humana. Empiezo a vivir la vida virtual construida por ideales nobles y filosofías, por las exigencias de la sociedad, por caprichos y fantasías.
Somos asombrosamente "buenos" en perdernos en reglas y objetivos ficticios. Los niños israelíes aprenden rápidamente las reglas de la identidad israelí y los niños árabes aprenden rápidamente las reglas de la identidad árabe. Los americanos aclaman a sus equipos de basquet, los italianos aclaman a su equipo de fútbol italiano. El pobre campesino africano sueña con su campo lleno de árboles de plátano, mientras que el filósofo americano sueña con volverse famoso (¡famoso entre otros intelectuales!)
Somos muy buenos en restringir nuestros pensamientos, nuestras emociones, aspiraciones y comportamiento a un ámbito muy limitado de la realidad humana.
Pero parece que no estuviéramos totalmente encarcelados en nuestros juegos. El jugador de ajedrez tiene una vaga conciencia de que está jugando, y esa realidad es más amplia que el tablero de ajedrez. Una señora adinerada en una fiesta de alta sociedad puede actuar y sentir de acuerdo a las normas sociales y sin embargo algo en el fondo de su mente le puede estar susurrando que está actuando.
No estoy totalmente encarcelado en mis juegos. Incluso cuando me veo forzado a jugar las reglas de mi sociedad y de mi sicología, no necesito identificarme plenamente con éstas y restringir mi existencia a ellas. Incluso cuando me encuentro a mí mismo controlado por mis hábitos u obsesiones o temores, puedo darme cuenta de que mi realidad es mucho más grande que estos juegos.
La psicología moderna ha desarrollado modos de ayudar a la gente a darse cuenta de sus juegos psicológicos ("patrones emocionales","defensas", "represiones", etc.) y de ir más allá de ellos. Pero esta tarea, por más importante que pueda ser, todavía sigue siendo muy limitada. Porque ir más allá de los juegos psicológicos no es todavía ir más allá de una prisión más fundamental todavía, esto es, la prisión conceptual - los juegos de nuestro entendimiento: las reglas y objetivos que seguimos construyendo las coordinadas básicas de nuestro mundo. Estos son juegos de nuestros patrones cognitivos, de nuestras predisposiciones culturales, de las estructuras (o reglas) que nuestra autobiografía particular impone a la realidad.
¿Es posible acaso que lleguemos a ser conscientes de estos juegos más fundamentales o de ir más allá de nuestra concepción normal de la realidad? ¿Existe alguna manera de trascender nuestros modos usuales de comprensión, que son los que forman nuestro mundo?
Esto sería una tremenda tarea. Es difícil pensar en una aspiración más ambiciosa. Y sin embargo, me parece que no es del todo imposible. Por supuesto como ser humano no puedo ser libre de todo tipo de ataduras. No puedo deshacerme de todos mis patrones cognoscitivos y culturales. Pero el punto es que no necesito indentificarme con ellos. No necesito limitar mi conciencia a determinados juegos intelectuales. Puedo "escuchar" a una conciencia más amplia de una realidad más grande. Puedo contemplar más allá de mis limitaciones.
Si esto es realmente posible, si puedo ser más grande que mis juegos y puedo estar en contacto con un ámbito más amplio de la existencia humana, entonces esto parece ser una tarea apropiada para la filo-sofía. Porque, para usar las imágenes de Platón, el objetivo del filó-sofo es salir de la estrecha caverna hacia un mundo más amplio.
Esta es pues mi respuesta personal (por lo menos por el momento) a la pregunta al inicio de esta reflexión. Mi objetivo en filo-sofía no es buscar respuestas o teorías o explicaciones, y no es limitarme a las voces de la razón o de la moral o de la belleza. Mi objetivo es, más bien, ir más allá de las limitaciones de mi modo normal de comprender y de ser un testigo de un horizonte más amplio de la realidad humana - a través de mi conciencia, de mis pensamientos y mis escritos, a través de mis relaciones, y a través de mi vida cotidiana.
Reflexión 19
EL DIÁLOGO POLIFÓNICO
Traducido por Carmen Zavala
Me alegró mucho recibir algunas reacciones interesantes a mi última reflexión (sobre juegos), y las he puesto en línea en esta página web (haz click aquí). Me alegra que los que han escrito hayan dado voz a sus comprensiones de las cosas, especialmente porque son diferentes a las mía. Después de todo, mi propia voz filo-sófica es solo una voz. Proviene de la experiencia de vida de una sola persona. Expresa el modo en que la realidad humana habla a través de una vida muy particular y no a través de otros modos de ser. Sin otras voces, mi voz sería unilateral, incompleta.
Por eso no considero a las diferentes voces de mis colegas filósofos prácticos como contrarias a mi voz, sino como complementarias a mi voz. Me acompañan a crear una comprensión más completa, una música más rica, como diferentes voces en un coro. Mi voz particular nunca será suficiente para expresar la riqueza de la realidad humana – una flauta sola nunca dará voz a una sinfonía.
Por esta razón no me gusta discutir sobre mis reflexiones. Me gusta escuchar las reacciones de otra gente, pero no me interesa mucho si es que están o no de acuerdo conmigo. Es más, el propósito de mis reflexiones no es convencer, sino estimular e inspirar – y ser inspirado. Mi intención no es sostener una verdad universal, sino ser una voz particular en un coro más grande. Mi esperanza es que otras voces resuenen conmigo, que me respondan así como una cantante soprano le responde a un tenor, y enriquezcan así la música filo-sófica.
Este tipo de interacción filo-sófica puede ser llamado un diálogo polifónico (le debo este nombre a mi amigo Stefano Zampieri). Es muy diferente al modelo “yo tengo la razón y tú estás equivocado”, que es tan común en la filosofía ortodoxa. La idea básica aquí no es: “Si pensamos distinto, entonces una de nosotros debe estar equivocado con respecto a la realidad.”, sino mas bien: “ Si pensamos distinto, entonces juntos podemos expresar más sobre la realidad – así como un dueto muchas veces expresa mas que uno solo.”
En un diálogo polifónico mi propósito no es silenciarte probándote que estás equivocado, sino inspirarte para que podamos ayudarnos mutuamente a esclarecer y precisar las ideas que nos hablan. Porque nuestro propósito común es darle voz a la riqueza de nuestra realidad. Nuestras diferentes voces filo-sóficas, si es que son fieles a lo que las mueve, si es que son precisas y coherentes, pueden sumarse las unas a las otras en un coro multi-dimensional filosófico, precisamente porque son diferentes.
Este es el motivo por el cual sugerí en mis reflexiones anteriores que en tanto filó-sofos deberíamos ir más allá del discurso tradicional de la filosofía occidental ortodoxa. Sugerí que deberíamos buscar formas alternativas del discurso, que no asuman que las ideas filosóficas necesariamente son teorías; que no traten de captar la realidad a través de afirmaciones universalmente válidas, que no se preocupen de estar argumentando y contraargumentando sobre qué es lo que está bien y qué es lo que está mal.
La idea de filosofar como un diálogo polifónico puede parecer extraña. Después de todo el objetivo de la filosofía es entender- es entrar acercarse a la verdad de realidad. ¿Cómo podemos aceptar dos afirmaciones filosóficas que son diferentes? Si tu idea es verdadera, entonces como mi idea que la contradice, puede ser verdadera también?
Además, filo-sofía polifónica no significa acaso que debemos abandonar los ideales de verdad y realidad? ¿Esto no nos lleva acaso a un relativismo o subjetivismo extremo, en el que no hay verdadero y falso, donde todo es relativo, donde todo es igualmente verdadero?
El problema de esta objeción es que asume algo significativo – sobre los que significa acercarse a la verdad. Muchas veces pensamos en la verdad como “verdad descriptiva” o “verdad teórica”: Se presume que verdad significa que hablamos de manera correcta de la realidad. Significa que captamos la realidad con descripciones y teorías.
Sin embargo, no tenemos por qué limitarnos a asumir este presupuesto ortodoxo. Podemos buscar la verdad de otras maneras – por ejemplo, tomando parte de la verdad o dándole voz a la realidad. Desde esta perspectiva alternativa, verdad significa que asumo un cierto modo de ser y que me abro a la realidad. Estar en la verdad es una forma de ser, no es algo que yo capte con palabras. El papel de las palabras no es el de definir, delimitar, fijar una opinión, sino el de abrirme más allá a de las opiniones en la compañía de otros.
Por estas razones a veces estoy perplejo cuando la gente me habla de “mi aproximación” a la práctica filosófica, o sobre “mis opiniones” sobre cuestiones filosóficas. ¿Realmente tengo una aproximación filosófica? ¿Tengo puntos de vista filosóficos?
Es verdad que a veces mis palabras suenan como afirmaciones categóricas – sobre la naturaleza de la sabiduría, o sobre el objetivo de la filo-sofía o (como en esta reflexión) sobre al diálogo filo-sófico. Y a veces sueno como que argumento bastante, especialmente cuando discuto sobre la filosofía ortodoxa.
Y sin embargo, no tengo opiniones filosóficas que quiera defender como universalmente válidas. Escribo ideas, no verdades.. Le doy voz a las palabras que hablan en mí, a los chispazos de realización, a las burbujas de pensamiento, observaciones, o resumiendo, a frases musicales en una sinfonía en ejecución. Lo que digo no se supone que sea la última palabra, sino una frase en una canción que está siendo entonada.
¿Por qué entonces mis reflexiones muchas veces suenan como afirmaciones categóricas?
Una de las razones es que este es mi modo de inspirar – Escribo en lenguaje fuerte y provocativo para estimular al lector. También a veces critico la filo-sofía ortodoxa para alentarnos a explorar caminos no ortodoxos. Mis declaraciones tienen como propósito cuestionar el monopolio que tiene la ortodoxia y abrir así la puerta a formas alternativas de filosofar.
Pero hay una tercera razón que es mucho más importante: por las limitaciones de la gramática. Ese es el problema de las reglas del lenguaje, que cuando combinamos un sujeto y un predicado y construimos una proposición gramatical, el resultado suena como una afirmación categórica.
Me gustaría que hubiese una conjugación lingüística especial o un tiempo gramatical especial, que pudiese expresar ideas sin convertirlas en proposiciones. Podríamos llamarlo el “tiempo filosófico” o “ el tiempo reflexivo”: el tiempo pasado. El tiempo presente, el tiempo futuro… y el tiempo reflexivo.
A lo mejor deberíamos inventarlo.
Pero hay una cuarta razón por la que mis reflexiones muchas veces suenan como afirmaciones concluyentes. Había dicho un poco antes que no tengo opiniones filosóficas y que no pretendo que mis palabras sean universalmente verdaderas. Bueno, esto es inexacto. En realidad, muchas veces me dejo llevar y hago declaraciones sobre lo que está bien y lo que está mal, sobre como debería ser la filosofía y como no debería ser.
Lo admito. Y sin embargo solo es una parte mía la que está hablando. Es solo una parte mía la que está jugando el juego de la filosofía ortodoxa, el juego de tratar de captar la verdad universalmente válida. A veces me dejo llevar por el juego, pero como sugerí en la reflexión 18, la persona que juega un juego, también es más grande que el juego. El jugador de ajedrez que está absorto en el juego, es también conciente deque sólo es un juego. La persona que está mirando una película sabe en el fondo de su mente, que está sentada en un cine.
Así también solo una parte mía juega el juego de las afirmaciones categóricas. Soy un ser humano. No puedo liberarme de todos los juegos. Tengo mis mecanismos cognitivos, patrones sicológicos, condicionamientos culturales y programación biológica. Estos tienen su función y su valor, pero también me tientan a pretender que mis palabras son la verdad universal, que mi voz solitaria es toda la música, que mi pequeño tablero es toda la realidad. Y a pesar de ello, incluso en esos momentos cuando juego con las reglas de las afirmaciones categóricas y la verdad teórica, también puedo saber en el fondo de mi mente que esto sólo es un modo limitado de relacionarme con la realidad.
En algún sentido, por eso, mientras mi yo más inmediato está preocupado con sus juegos teóricos, mi yo más amplio - mi conciencia mas amplia – mira mas allá de las limitaciones de la teoría. Entonces trata de llegar a esos horizontes de la existencia humana, que ninguna teoría sola de validez universal puede captar.
Esto, sugiero yo, es el filó-sofo en mí (y en nosotros) la toma de conciencia, que es mucho más amplia que nuestras limitaciones normales, y que es testigo del amplio reino de la realidad humana: de la variedad de juegos humanos y limitaciones, así como de lo que está más allá de ellas.
Reflexión 20
CÓMO LAS IDEAS ABIERTAS ME ABREN A MÍ
Traducido por Carmen Zavala
Hace algunas semanas una persona quería discutir conmigo sobre mis reflexiones recientes. Empezó explicando lo que había entendido de mi texto. Al hacer eso trató de precisar lo que escribí y de determinar exactamente lo que el pensó que yo quise decir.
Hablando con él, tuve la desagradable sensación de que estaba distorsionando lo que yo quise decir, o incluso trivializándolo (claro que sin mala intención). Pero al principio no podía indicar qué era lo que exactamente me estaba molestando.
Y luego lo comprendí: Él estaba tratando de hacer mis textos más precisos de lo que realmente eran. Estaba “traduciendo” mis palabras a ideas muy bien definidas.
Cuando hablo o escribo en filo-sofía, mis palabras contienen un elemento que es indefinido, que está indefinido. Cuando digo, por ejemplo, “ir más allá de mis límites” o “voces de la realidad humana”. No tengo una definición exacta de qué significan esas palabras. Puede ser que tenga una representación en mi mente, una imagen, algún tipo de comprensión parcial, pero la gran parte permanece en mi entendimiento de manera vaga.
No se trata de un desafortunado accidente. Respeto el elemento de indefinición en las ideas que hablan en mí. No quiero imponerles límites precisos. Porque pueden hacer algo muy importante precisamente porque son indefinidas:
Su apertura me permite estar abierto. Como su significado está abierto, no me mantienen encerrado dentro de los muros de una opinión establecida. Cuando reflexiono sobre ellas, me hacen explorar qué es lo exactamente implican y por lo tanto me alientan a investigar nuevos significados. Actúan más como preguntas sabias que como respuestas, como señales de tránsito que me indican que debo caminar en determinada dirección, que todavía no llego a explorar completamente.
Resumiendo, el rol de estas ideas indefinidas es ayudarme a develar una visión que todavía no me está clara. No delimitan mis pensamientos en definiciones y distinciones, no precisan mi visión, sino que abren mi mirada a más significados y nuevas formas de comprensión.
No quiero decir que las ideas definidas sean inferiores, y que haya que hacerlas indefinidas a todas. Aquellas también tienen su función, pero esta función es diferente.
Mi punto es, que cuando solo tenemos ideas muy bien definidas, tendemos a cerrarnos en teorías y opiniones inflexibles. Los límites de nuestro mundo se nos hacen entonces demasiado precisos, las distinciones demasiado terminantes y demasiado rígidas – como los muros de la caverna de Platón.
Pienso que en la historia de la filosofía, el elemento indefinido en las ideas muchas veces ha sido ignorado e incluso suprimido. Muchos filósofos se han preocupado en definir y esclarecer y precisar ideas, como si estuvieran tratando de purificarlas de todo rastro de vaguedad sospechosa.
Esto tal vez sea así, porque la filosofía tradicional muchas veces considera a las ideas como teorías que han de ser poseídas y transmitidas. Sin embargo, si la filo-sofía ha de ser una búsqueda de la sabiduría y un modo de vida, entonces las ideas son importantes no como posesiones, sino por lo que nos pueden hacer: develarnos nuevos caminos de comprensión que nos conduzcan más allá de nuestras actuales limitaciones.
Claro que todo esto no debería ser una excusa para un pensar descuidado o para escribir de manera confusa. Las palabras filo-sóficas tienen que ser precisas, aunque no en el sentido de definiciones exactas, sino más bien en el sentido de la precisión de un poema. Las palabras deberían ser elegidas con mucho cuidado, para dar voz a las ideas que se quieren expresar, y para permitir que lleven a cabo su importante función, esto es, el abrirnos realmente a visiones aun no exploradas.
Desde esta perspectiva, mis reflexiones no deberían ser vistas como teorías o como opiniones personales. Mis escritos solo son valiosos en la medida en que forman parte activa de mi búsqueda abierta de nuevos horizontes de comprensión y sabiduría – y que ojalá ayuden también a otros en esta búsqueda. Esto es el motivo por el cual, cuando mi lector tradujo mi texto a ideas claramente delineadas se perdió un elemento crucial: su apertura.
Y entonces ¿qué es lo que quiero decir cuando digo “darle la palabra a la realidad humana” o “estar abierto a nuevos horizontes de comprensión”? Solo puedo dar una respuesta muy vaga. Pero esto es el por qué estas ideas me inspiran a seguir buscando.
E incluso esta reflexión que acabo de escribir no es una idea definitiva. No la estoy escribiendo aquí para sentar los principios de la filo-sofía, ni para construir una teoría sobre la indefinición, sino para darle voz a una visión abierta que surge en mí y que quiere ser explorada. Efectivamente, estoy escribiendo mi experiencia personal cuando estoy escribiendo mis reflexiones, la experiencia de darle voz a unas ideas que no comprendo del todo. Siempre que escribo una reflexión, me doy cuenta de que las ideas que surgen en mí apuntan en determinada dirección, me doy cuenta de que me quieren llevar más allá, pero no puedo ver hacia dónde exactamente me están llevando. Poco a poco sin embargo, van revelando más sobre ellas mismas, y también me llevan a más ideas, que a su vez me llevan más allá a través de su apertura.
Y por mí, esto está bien. No siento ninguna necesidad de agarrar y poseer y controlar las ideas. ¡Que se desarrollen en su propio ritmo y a su manera! Confío que me llevarán por pasajes con sentido.
***
El mes pasado nuestro grupo de compañeros filosóficos se reunió en Florencia. Fue nuestra primera reunión cara a cara. Me parece que para todos nosotros fue una tremenda experiencia de comunión filosófica. Esto puede parecer sorprendente. Cuando ocho filósofos de cinco diferentes países se encuentran, pareciera probable que terminen encontrándose discutiendo y disputando. Todos nosotros somos filósofos prácticos activos. (incluyendo algunos líderes de organizaciones), y gente como esa normalmente tiene sus propias agendas personales y convicciones. Normalmente, este tipo de situaciones lleva a desacuerdos. Y sin embargo, a pesar de que estuvimos filosofando todo un fin de semana, nunca llegamos a una verdadera disputa.
No quiero decir, que estuvimos de acuerdo en todos los temas filosóficos. El punto es que el asunto del acuerdo o desacuerdo nunca fue importante en nuestras conversaciones. Claro que cada uno de nosotros tenía perspectivas distintas sobre las cuestiones filosóficas, pero en vez de pelearnos por estas diferencias, las acogimos de buen grado y las usamos para construir un “diálogo polifónico” (ver reflexión 19). “Cantamos” diferentes “voces” en un coro común.
¿Cómo fue posible esto? ¿Cómo pudo el filosofar – es decir, un discurso tan confrontacional- trascender las diferencias del plano de la opinión personal?
Me parece que la respuesta principal es esta: No estábamos interesados en definir nuestras opiniones. No estuvimos ocupados aclarando nuestros conceptos y precisando nuestras ideas, como suele ser tan común en la filosofía tradicional. Es más, no estábamos interesados en lo que la filosofía académica considera como precisión y exactitud. Al contrario, preferimos dejar nuestros conceptos e ideas abiertos de alguna manera, con delimitaciones algo indefinidas. En consecuencia nuestras diferentes “voces” filosóficas pudieron aceptarse las unas a las otras. Pudieron interactuar y explorar conjuntamente, en vez de chocar y contradecirse. Los muros que normalmente separan una opinión de otra fueron desmantelados.
En otras palabras, no tratamos nuestras ideas como productos terminados y bien definidos. Cuando alguno de nosotros expresaba una idea, él o ella no pretendían que esto fuera la última palabra, sino la puerta para exploraciones futuras, un dedo que apunta más allá de sí mismo, una fuente de inspiración para más ideas, una invitación a otros para unirse a nosotros y responder.
No creo que hayamos hecho con una intención plenamente conciente. Pero echando una mirada hacia atrás al proceso, creo que esto es lo que de facto ocurrió, y lo que nos permitió experimentar un nuevo tipo de diálogo filosófico.
Reflexión 21
DESARROLLANDO LA SENSIBILIDAD FILOSÓFICA
Traducido por Carmen Zavala
Por más de un año he estado escribiendo y haciendo circular mis reflexiones sobre la práctica filosófica y estoy muy agradecido por su interés, apoyo y comentarios. Me parece que ha llegado el momento de continuar con un modo distinto de escribir.
Estoy pensando en tratar de escribir una nueva serie de textos cortos. Permítanme compartir con ustedes algunos de los pensamientos que me han hecho llegar a esta idea.
Como muchas veces digo, me parece que si queremos que la filo-sofía sea un modo de ser, si queremos que no solo sea SOBRE la vida, sino que se de EN la vida, entonces no se puede limitar solamente a pensar. La filo-sofía tiene que estar presente no solo cuando discutimos asuntos abstractos en la clase o cuando escribimos artículos, sino también cuando vamos a comprar, cuando conversamos con un amigo o nos sentamos a comer. Después de todo el filó-sofo es un ser humano en este mundo y su sabiduría también está en este mundo.
Filo-sofía no significa tomarse un descanso de la vida, sino que es como una dimensión más de la vida, una dimensión de comprensión, de sentido.
Por lo tanto, en tanto ser humano manejo hacia el trabajo, lavo la vajilla, hago llamadas telefónicas, me encuentro con amigos, pero como filó-sofo hago todo esto con una sensibilidad adicional para nuevas formas de comprensión. Mantengo una especial apertura, una disposición para discernir las “voces” de la vida y expresarlas. No solo en mis palabras, pero en todo mi modo de ser. Soy un testigo de la multiplicidad de sentidos de la realidad humana.
Esto implica, me parece, que en tanto filó-sofo no pienso ni hablo solo en nombre de mi propio pequeño yo. No siento, ni actúo desde mi ego centrado en mí mismo, desde la prisión de mis presupuestos, desde mis juegos sicológicos y sociales. En vez de eso, dejo que una forma de entendimiento mayor hable dentro de mí. En otras palabras, le doy voz a esas partes de mi ser que normalmente están reprimidas y marginadas por los juegos sociales, por mis necesidades sicológicas, por mi agenda personal y prejuicios culturales. Aspiro a llegar a tener una mayor conciencia, que permita a otras partes de mi realidad, hablar a través mío, y por lo tanto, permitir que un rango mayor de comprensión actúe en mi vida.
Obviamente que ser un filó-sofo en este sentido requiere de una profunda transformación, que implica nuevas sensibilidades y actitudes.
Claro que como ser humano continúo siendo la misma persona que antes, con sus tendencias familiares, preferencias, talentos y limitaciones. Pero al mismo tiempo, en tanto filó-sofo ya no estoy tan confinado a este antiguo yo, no estoy completamente inmerso en mis preocupaciones personales y placeres y puntos de vista subjetivos. Ya no soy solo mi pequeño yo, porque mi comprensión va más allá de los límites de mi yo. Ahora me extiendo más allá de mi prisión y en ese sentido soy más grande que yo mismo. Mi vida está impregnada por una dimisión adicional, una conciencia mayor, es más, una realidad mayor. Ahora ya no pertenezco sólo a mi yo, sino a un ámbito más amplio de sentido y comprensión.
Puedo imaginar a alguien quejándose de que mis palabras son demasiado vagas, demasiado poéticas.
“¡No entiendo lo que estás describiendo!”
Y esa persona estaría en lo correcto. Lo que he escrito no pretende ser un análisis o una teoría. Es más, no pienso que una teoría pueda “capturar” el sentido de la vida filo-sófica, porque la filo-sofía, por su propia naturaleza, es una búsqueda abierta en lo desconocido. Mis palabras solo tienen como intención servir como un dedo que apunta en determinada dirección, que necesita ser explorada. Son como un ademán hacia el inicio del camino que desaparece más allá del horizonte.
Sin embargo, aunque solo esté apuntando en una dirección que haya que explorar, es legítimo preguntarse: ¿Cómo caminamos en esta dirección? Y además, ¿qué tipo de guía o tutoría podemos ofrecerle a aquellos que deseen acompañarnos en este camino?
Sugiero que una cosa importante que necesitamos para este tipo de vida filo-sófica y exploración filo-sófica es lo que puede ser llamado “sensibilidad filo-sófica”. Como filósofo tengo que desarrollar una sensibilidad para los sentidos, un “oído” para nuevas formas de comprensión, un “ojo” para ver más allá de las paredes normales alrededor mío. Necesito desarrollar la capacidad de detectar nuevas voces de la realidad humana y dejar que hablen dentro de mí, en vez de imponer al mundo mi propia sapiencia. Esto requiere de una actitud especial, una actitud contemplativa a lo largo del día. Contemplativa- en el sentido de abrirme, más allá de mi mismo, a nuevas comprensiones que hablen en mí.
Pero ¿como es que obtenemos este tipo de sensibilidad filo-sófica? ¿Cómo nos entrenamos y cómo entrenamos a otros?
Me parece que sería de ayuda aquí tomar en cuenta una analogía del mundo del arte. Cuando enseñamos música o pintura, esperamos que el estudiante eventualmente llegue a ser capaz de tocar o pintar de manera creativa. Esperamos que desarrolle su propia visión artística personal. Pero este es el fin último, no el comienzo. Un estudiante no puede empezar creando grandes obras. Para poder crear música o pinturas primero tiene que aprender las técnicas básicas, aprender las claves musicales o los métodos para pintar sobre lienzo, dominar las reglas de armonía y las reglas de perspectiva y estar familiarizado con gran cantidad de material clásico. Debe pasar muchas horas haciendo ejercicios. Recién entonces, después de domine las capacidades y técnicas básicas, cuando haya adquirido sensibilidades y una capacidad de escuchar y ver, recién entonces estará lista para ir más allá de esas herramientas, de ir “a través” de estos tecnicismos a la cosa real.
Sugiero que de la misma manera, no puedo ser un verdadero filó-sofo a partir de la nada. Tengo que empezar a aprender técnicas de análisis de conceptos, métodos de desenmascarar presupuestos escondidos, maneras de construir argumentos. Tengo que estudiar los textos de los grandes pensadores y ver cómo expresan las ideas que surgieron en ellos.
Poco a poco voy adquiriendo las capacidades técnicas, el conocimiento, y las sensibilidades apropiadas y sólo entonces puedo empezar a crear gradualmente, para abrirme a nuevas formas de entender de incorporar la filo-sofía en mi vida.
Esto implica que el currículo de la filosofía en las universidades no es totalmente inútil para nosotros. Algunos de sus aspectos son muy relevantes para nosotros como filó-sofos, especialmente aquellos que tratan de técnicas filosóficas y de temas de la vida diaria, tales como el amor, la libertad o la autenticidad.
A pesar de que este material académico no es importante como un objetivo en sí, es parte de los ejercicios de entrenamiento que nos pueden ayudar a desarrollar nuestra sensibilidad filo-sófica, a condición de que eventualmente lleguemos a ir más allá de éstos.
* * *
Estos son algunos de los pensamientos que me han llevado a decidir empezar a escribir un tipo diferente de textos cortos. Estos textos tendrán como propósito ayudar a agudizar nuestras sensibilidades filosóficas a la vida cotidiana. La idea es que cada uno de estos textos se centrará en un tema de la vida cotidiana, y se valdrá de los textos de múltiples filósofos para explorar posibles modos de comprensión que surgen de esos tópicos.
Pero permítanme terminar aquí. No quiero aproximarme a este nuevo proyecto con demasiadas ideas preconcebidas. Permítanme esperar y ver cómo se materializa en mí. Espero que pronto sea capaz de compartir con ustedes los primeros textos y espero aún más, que sean de interés para ustedes y para sus estudiantes de práctica filosófica.
|
|
|
|
|